Manuel Velásquez
Julio / 2010
El narcotráfico es parte de nosotros, queramos o no. Es como el hermano feo, aquel del que renegamos, pero que de una u otra forma nos sigue con su sombra y nos acosa. Nos envuelve y definitivamente nos ha cooptado. La sociedad mexicana, en todos sus niveles y estratos sociales, tiene una relación con esta cultura de lo prohibido, misma que, hay que aceptarlo, tiene cierto aire de romanticismo, cierto olor a gloria en el que las mieles del dinero se hacen más que presentes.
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Corren mil y un historias del narcotráfico en el norte del país, en estados como Durango, Sinaloa, Chihuahua, las Bajas, etcétera. Se le pregunta a un niño que quiere ser de grande y la respuesta que muchos dan es: "quiero ser narco". Esto nos lleva a cuestionarnos seriamente acerca de lo que estamos haciendo bien o mal como sociedad. Nos lleva a escarbar en lo más hondo de nuestra 'psique' y preguntarnos: ¿cómo es que esta cultura ha florecido tanto? ¿Por qué un niño en vez de querer ser policía, bombero, astronauta, prefiere ser 'narco'?
El narcotráfico en México no surgió de un día para otro, no se hizo por generación espontánea, y mucho menos se popularizó tan rápido como se cree.
SURGIMIENTO DEL NARCOTRÁFICO
El origen del narcotráfico se da desde antes de la época de la prohibición que se impuso en los años 20 del siglo pasado. Se puede rastrear el tráfico de narcóticos con fines terapéuticos, principalmente de opio en los círculos chinos.
Sin embargo, cuando se prohibió el cultivo y comercialización de la mariguana y de la "adormidera" -nombre con el cual también se le conoce al opio-, en 1929 los campesinos y comerciantes comenzaron a acaparar el mercado, principalmente en las zonas de Durango, Sonora, Sinaloa y Chihuahua. Los sinaloenses fueron quienes mayor impacto en el mercado tuvieron. Su ingreso era espontáneo, ya que la demanda no era mucha y el valor del narcótico era relativamente bajo.
Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el mercado de los opiáceos se incrementó, ya que de éstos se extraía la morfina, sedante muy utilizado para los heridos de gravedad. Esto generó la consolidación de los traficantes de narcóticos. Además, esto trajo consigo el apadrinamiento de los políticos y burócratas a los comerciantes de estas sustancias.
No obstante, pocas personas que se dedicaban al tráfico de narcóticos hablaban de su actividad y no dejaban un testimonio escrito, ya que en su mayoría eran personas que jamás habían pisado un aula. Por ello, no hay mucha información acerca de estos primeros años, por lo que es difícil hallar una explicación plausible en este periodo.
Con todo, en los años cincuenta los narcotraficantes colombianos comenzaron a incrementar su producción de cocaína. Esto hizo que los traficantes mexicanos llegaran a acuerdos con ellos para determinar ciertas rutas terrestres. Los colombianos, por su parte, comenzaron a abrir rutas a través del mar.
LAS TRANSFORMACIONES DEL NARCO MEXICANO
Con la llegada de los años sesenta, el mercado de consumo se amplió de manera exponencial, dado que los principales consumidores se generaron en Estados Unidos. La guerra de Vietnam jugó un papel fundamental en expandir al nuevo mercado. Los soldados que iban a la guerra se volvían adictos a estas sustancias, en parte propiciado por el ejército americano y en parte por la región, ya que el clima era muy propicio para el cultivo de los enervantes.
Durante la guerra de Vietnam creció el afluente de veteranos de guerra adictos a alguna droga, principalmente a la heroína, cocaína y mariguana. Los que anteriormente eran simples campesinos que cultivaban algunas hectáreas de mariguana, se convirtieron en comerciantes especializados que cultivaban y al mismo tiempo abrían nuevas rutas hacia el vecino del norte.
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Para los años ochenta los comerciantes se habían convertido en los grandes capos gracias a la exportación de la cocaína, droga muy demandada y también por la cual se pagaba una suma fuerte de dinero. Estos nuevos narcotraficantes serían acumuladores de enormes fortunas, lujos extravagantes y comenzarían a sentar las bases para la espiral de violencia que se vive hoy en día. Las pistolas las cambiarían por metralletas y armas de más grueso calibre para defenderse de sus enemigos.
De esta época es Rafael Caro Quintero, capo que se hizo famoso por haber destinado parte de su dinero al desarrollo de su tierra natal. Ese momento fue cuando se consolidaría el estereotipo del narcotraficante al estilo 'Robin Hood'. Esta sensación se acrecentaba con la persecución emprendida por el Estado a manos del ejército mexicano.
HACIA EL ESTADO ACTUAL DE VIOLENCIA
En los años noventa los narcotraficantes pasaron a ser verdaderos empresarios, tejían redes muy complejas de siembra, recolección, distribución y puntos de venta. Sin embargo, en esta época, el objetivo de los narcotraficantes ya no era solamente pasar la droga a los Estados Unidos, sino satisfacer al nuevo mercado de consumo que se había generado en México.
Esto hizo que el ícono del narcotraficante fuese un ideal muy alcanzable para la sociedad y para las nuevas generaciones. La tentación del dinero fácil se democratizó, por así decirlo.
Las nuevas generaciones de pequeños distribuidores, comenzaron a copiar las prácticas de los grandes capos. Y para mantener su 'statu' de vida requerían tener más compradores, por lo que comenzaron a tejer redes dentro de los centros educativos.
Durante el sexenio de Vicente Fox, para finales del 2005, según declaraciones del ex director del Cisen, Eduardo Medina Mora, el narcotráfico había cooptado ya las estructuras de policías municipales y gran parte de ellas estaba coludidas con los traficantes. En ese periodo de gobierno se registraron más de 7 mil muertes relacionadas con el crimen organizado.
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Para finales del sexenio, los informes de inteligencia reportaban que la situación era preocupante y que el Estado se encontraba frente a un enemigo muy poderoso. Por ello se emprendieron las primeras acciones frontales contra el crimen organizado.
En 2005 la PGR informó que en México había siete cárteles principales: el Cártel de Tijuana, el Cártel de Colima, el del Golfo, el de Juárez, el de Sinaloa, el Cártel de Oaxaca y el Cártel del Milenio.
Para 2006 se calculaba que las ganancias del crimen organizado representaban el 1 por ciento del PIB, lo que significa 8 mil 500 millones de dólares de utilidades en la venta de drogas.
Las principales zonas de abastecimiento se registraban en Oaxaca y Guerrero, como los puntos que recibían producto de Colombia. En cambio, la península de Yucatán y Veracruz, recibían lo que procedía de Venezuela y Brasil. Por tierra, el principal punto de entrada era la región de Petén.
También para el 2006, el Cártel de Tijuana, controlaba el mercado de California en Estados Unidos, y el Cártel del Golfo controlaba la exportación hacia Texas.
A MANERA DE CIERRE
Esta revisión es, sin duda, solamente un breve acercamiento a la historia del narcotráfico mexicano. El estado actual de violencia y sumisión del Estado se explican de una manera mucho más profunda. La intención ha sido únicamente exponer algunos aspectos que pueden dar luces para comprender este flagelo que hoy seguimos padeciendo.
Se ha dejado de lado la relación entre el narcotráfico y el poder político formal. Y no hemos abordado este tema para no dar lugar a las especulaciones. La certeza de colusión entre poder político y narcotraficantes se encuentra tan extendida en el imaginario colectivo que resultaría infructuoso ahondar en ello sin bases firmes para hacerlo.
No obstante, es un hecho que el priísmo fue el elemento de cohesión que, si no dio forma a las bandas de narcotraficantes, al menos si contuvo su actuar por mucho tiempo. Al llegar el PAN al poder vimos el desbordamiento de la violencia de forma incontenible.
Hoy estamos en medio de una lucha contra la delincuencia que parece no tener fin. Menos cuando la Secretaría de la Defensa Nacional asegura que más de medio millón de personas se dedican a actividades relacionadas con el narcotráfico. Esta victoria cultural es un serio riesgo para la supervivencia de nuestro país. Y parece que la forma de la actual guerra contra el narcotráfico es insuficiente.

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