sábado, 17 de julio de 2010

Cada loco con su tema

 

Ser sacerdote, cosa de valientes                                                         

Manuel Velásquez

julio / 2010

Muchas personas podrían creer que la vida de un padre de una parroquia es sosa y aburrida, sin chiste alguno. Dedicado únicamente a oficiar misas e ir a casa de los enfermos para confesarlos y ungirlos con los Santos Óleos. Sin embargo, nada más alejado de la realidad. Lo cierto es que en el día de un párroco el horario es bastante ajustado y por lo general no hay mucho tiempo para darse un respiro.

En una entrevista con el Padre José Alcántara Martínez, fraile agustino y párroco de Nuestra Señora de la Consolación, descubrimos que la vida de este hombre de cara bonachona y anteojos, era todo menos el clásico estereotipo.

Tan solo llegamos, nos recibió cálidamente con una sonrisa y nos guió hasta el escritorio de la sacristía, de metal, que se notaba tenía algunos años encima, pero que aun a simple vista se apreciaba que conservaba su resistencia original. Igual se veía Fray José, que ya tiene 32 años de sacerdote y que ha caminado por muchos lugares de México.

"Nos levantamos entre 6:30 y 7:00, ya que la primera misa se oficia a las 7:30, así que debemos preparar las cosas. Después, de la primera misa, se tienen las laúdes –oraciones que se rezan por la mañana– la próxima celebración se hace a las 9:00, si nos toca celebrar, lo hacemos, si no, estamos atendiendo a la gente con bendiciones, orientaciones, etcétera", responde a la pregunta de a qué hora comienza su día.

Luego, el Padre José nos comenta que se dedica a atender asuntos de la parroquia, como reuniones de vicaría, de decanato o de su provincia agustiniana. Si no tiene que salir, lo más común es que oriente a las parejas con ánimos de casarse, ayude en la catequesis de los niños o en las preparaciones para las primeras comuniones.

"Después de la comida –nos comenta– había un descanso, sin embargo, cada vez es más difícil, ya que cada vez hay más trabajo. Más bien hay que atender a los grupos, atender a las catequistas, que si quieren una grabadora, que si quieren el cañón, que si quieren la televisión. Y luego los papás acuden a nosotros si quieren alguna orientación".

Para las 18.00 horas se viene la hora de la misa, y mientras uno de los dos padres que están en funciones en la parroquia oficia, el otro se encarga de los quehaceres de la casa –también se le llama convento dentro de la orden– como ver que no haga falta nada de víveres y enseres necesarios.

Para las 20:00 horas se revisan los pendientes del día siguiente y se le dedica un tiempo a llenar y ordenar los libros de la parroquia, que son los que llevan el registro de las bodas,  bautizos y primeras comuniones. Se lleva un libro por rubro, así como uno de misas. Se debe llevar el registro completo de estas actividades en el original y una copia, ya que ésta es para el Obispo.

A la hora de la cena, que por lo general es a las 9 de la noche, los padres de la parroquia cenan juntos, y se tiene un rato de convivencia. El final del día consiste en seguir viendo las cuestiones administrativas de la parroquia y en preparar la homilía para el día siguiente.

En la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, se acaba el día a las 11:30 de la noche. Para esa hora, como ha de suponerse, el cuerpo está rendido y lo único para lo que se tienen fuerzas es para rezar las oraciones de la noche e irse a dormir.

A esto, se le debe sumar el cansancio psicológico que representa ser el encargado de una parroquia, así como "la carga" que pueda suponer el confesar, o la que representa que de un momento a otro se le llame al padre para casar a una pareja, y enseguida ir a aplicar los Santos Óleos a un moribundo.

Sin embargo, ser sacerdote no tiene horario, mucho menos se labora ocho horas al día, si no que debe estar al pie del cañón las 24 horas del día, los 365 días del año en caso de que la comunidad lo requiera. Por eso mismo, sólo verdaderos hombres, aquéllos con una gran determinación y una verdadera vocación sirven para ser los representantes de Cristo en la tierra.

 

 

 



 




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