Por Jorge Espinosa Cano
Agosto / 2010
Dos pecados ha cometido mi pueblo:
Me ha abandonado a Mí que soy fuente de agua viva,
Y se ha ido a excavar cisternas, cisternas rotas,
Que no pueden retener el agua
(Jeremías, II, 13)
El espectáculo que tenemos frente a nuestros ojos se está tornando aterrador, la violencia ha llegado a extremos nunca imaginados y el temor se hace presente en todos nosotros; las crisis económicas nos acosan y las pérdidas de empleo son numerosas; el país está muy desunido porque ha perdido su identidad y sus tradiciones, lo peor de todo es que ya no se confía en casi nadie, y es entonces cuando nos preguntamos si todavía queda algún camino para proponer como remedio de esta desesperante situación.
Las celebraciones del Bicentenario ofrecían una valiosa oportunidad para iniciar una reconciliación entre los mexicanos, buscando reencontrar nuestras verdaderas raíces, difundiendo la historia de México sin los mitos creados para justificar a los gobiernos que hicieron de la Revolución un gobierno y un partido. Lamentablemente, esta oportunidad ha sido echada por la borda y ha servido otra vez para fomentar la búsqueda egoísta de ventajas para los diferentes partidos políticos.
Para empezar, es grosero y absurdo que en ningún lugar aparezca el nombre y la efigie del personaje que nos dio la Independencia: Agustín de Iturbide, que con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México concretó el sueño de ser independientes, hay que decir que ese 27 de septiembre de 1821 ha sido tal vez el día más feliz en esta ciudad y en toda la nación.
Era una enorme oportunidad para quitarnos el complejo de nación conquistada que nos ha conducido a tantos fracasos, puesto que a la llegada de los españoles México no existía, la región estaba poblada por grupos de los más diversos orígenes étnicos que se encontraban en diferentes etapas de civilización, desde el grandioso imperio Azteca hasta otras tribus en un estado de casi salvajismo y enorme pobreza.
A todos estos pueblos les debemos parte importante de nuestras tradiciones y cultura, pero nuestras raíces son las que se consolidaron durante el virreinato con la influencia de ambas culturas; adoptamos la lengua española y la religión cristiana fue dando forma no sólo a una fe sino a una forma de pensar y ser en lo social, en lo cultural, en lo familiar y en lo personal.
Desde la independencia los grupos masónicos trataron de combatir esta forma de pensar y ser de los mexicanos y empezaron a negar nuestras raíces cristianas como esencia nacional. Las Leyes de Reforma contribuyeron a esta corriente de pensamiento racionalista, y la Revolución plasmó en la Constitución Mexicana un laicismo antirreligioso con un monopolio educativo del Estado para controlar las conciencias que han construido un México incrédulo.
Mucho han trabajado los sistemas ideológicos revolucionarios para tratar de crear una unidad de los mexicanos con base en mitos históricos arrancando de ellos su sentido trascendental, pero esto no ha sido posible y hoy en día ya no se encuentra esa esencia que puede unirnos en torno a algo.
Abandonamos a Dios y nos echamos en brazos de un pensamiento materialista. Hoy el mal y el error campean por todos los medios informativos, son apoyados por gobiernos y por Cortes, son comercializados por publicistas sin moral. Hoy no se requiere de ningún permiso para matar a un ser humano en el vientre materno mientras se necesitan diversos trámites administrativos para talar un árbol en una casa.
Me mueven a la reflexión profunda las siguientes palabras de Anacleto González Flores: "Se sabe que es necesario reconstruir totalmente al hombre interior y al hombre exterior, y que éste, aparte de ser ciudadano debe ser una verdadera unidad social, y que para esto urge que las energías de la sociedad vuelvan al cauce del orden y que el talento, la riqueza, la propiedad y el poder sean fuente rica e inagotable de luz, de justicia y de bienestar para todos.
"Se ha llegado a comprender que solamente así será posible contener la corriente desbordante de las revoluciones e inaugurar una verdadera era de paz en el mundo (…). Se sabe, se ve que cada hombre es una ruina y que, por lo mismo, es preciso forjar de nuevo el tipo vigoroso y profundamente humano, el cristianismo verdadero. Fidias1 de las almas, incomparable artista de la vida, sabe hacer de cada espíritu y de cada corazón.
"Se sabe y se ve que las sociedades perecen cuando el deseo de sacrificarse por los demás y la ley del amor son devorados por la fiebre del placer y por la hoguera del egoísmo".
Y para rematar esta reflexión sobre el anticatolicismo en México agrego esta nota publicada el viernes 6 de agosto de 2010.
Una nota editorial publicada por el Servicio de Información Religiosa del Arzobispado de México (SIAME), recoge la sorpresa de esta entidad por la sanción impuesta al gobernador electo por Sinaloa, quien durante su campaña electoral invocó el nombre de Dios en un acto público.
En la nota titulada Intolerancia religiosa en leyes electorales, el SIAME informa que "el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación impuso una multa y amonestación pública al gobernador electo por Sinaloa, Mario López Valdez, por haber mencionado el nombre de Dios durante su campaña".
Según la nota, las autoridades electorales "argumentando puerilmente y guiados por el prejuicio y la intolerancia religiosa", decidieron "que las expresiones del político 'contravienen el artículo 130 constitucional federal y el 117 bis de la ley electoral de Sinaloa'". El gobernador electo de Sinaloa, Mario López, dijo en un mitin: "Ganaré con el apoyo de la voluntad popular y la de Dios".
"El arzobispado de México se sorprende del odio que existe en nuestro país hacia este tipo de manifestaciones religiosas, sobre todo porque somos una nación mayoritariamente católica y creyente en Dios. El propio Himno Nacional Mexicano, que se entona todos los días en los actos públicos, invoca respetuosamente el nombre de Dios", afirma el editorial.
1 Famoso escultor griego

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