Por Edgardo Flores Herrera
Fuente: Yoinfluyo.com
Enero / 2011
"Qué bajo hemos caído, pensando que
necesitamos del dinero para conseguir
la felicidad; ya que lo único que se necesita
es esperanza".
Me he sorprendido con una nota reciente en el noticiero matutino de 1N (Primero Noticias). Fue un informe donde la corresponsal de Francia presentaba la percepción de los franceses respecto a su satisfacción y felicidad; afirmaba que aquellos países, considerados potencias económicas, se mostraban en la "tabla de satisfacción"
en lugares muy bajos, mientras que países como Nigeria u otros "en desarrollo" o "emergentes" (como se dice en lo políticamente correcto), como Brasil, presentaban índices de felicidad mucho más altos. Si bien la periodista no ahondó en las posibles causas, la nota, presentada a nivel nacional en México, sirve como marco de una reflexión.
¿Qué es lo que hace la diferencia entre la percepción de felicidad entre los países de "primer mundo" y los "emergentes o en desarrollo"? Una primera respuesta es la satisfacción con respecto a las nuevas necesidades de una sociedad capitalista que cada vez necesita más cosas para sentir que tiene lo necesario para estar bien.
Es decir, antes de las revoluciones industriales y tecnológicas, los seres humanos tenían lo necesario para vivir: casa, ropa, comida. Pero con la llegada de nuevas herramientas que hacían más fáciles los quehaceres, el trabajo, el traslado, la comodidad se coló en los hogares de cientos, miles, millones de familias.
Llegó la radio, luego la televisión en blanco y negro, luego a colores, los teléfonos, aparatos electrodomésticos, el automóvil, telefonía móvil, Internet... hasta llegar a nuestros tiempos. Poco a poco, fuimos necesitando cada vez más cosas. Esto ha traído como consecuencia que muchos de nosotros nos sintamos incómodos e insatisfechos al saber que existen cosas que nos pueden hacer mucho más "fáciles" nuestras vidas y que no las tengamos. He ahí una primera idea sobre la causa de la infelicidad: aunque tengamos, queremos más, queremos lo mejor, lo más actual.
¿Nigeria en primer lugar de felicidad? ¿Pero cómo?, nos hemos de preguntar todos. ¿Un continente como el africano, donde nos llegan cientos de noticias de podredumbre y hambre? Nigeria se ha desarrollado bastante a partir del petróleo, dejó de ser una economía agrícola y pasó a ser una economía industrial. Algo similar ha ocurrido con Brasil, un país sudamericano que también es presentado con grandes carencias, pero con una economía que va siendo ejemplo para toda América Latina.
Ambos países son considerados como economías "emergentes", dado que se han hecho presentes en los últimos años como países sólidos, capaces de afrontar las grandes crisis mundiales. En ambos, lo que reina es la esperanza, la fe, la confianza en el futuro. Al ser catalogados con un futuro promisorio, los habitantes se sienten contentos, se sienten capaces de lograr grandes cosas, se esfuerzan y luchan día con día, no tienen todo, pero viven con la esperanza de que tendrán.
Es como cuando nos avisan con anticipación de que nos darán una gran noticia, de que mañana nos darán un gran regalo: vivimos contentos, con la esperanza de que el día de mañana llegue para recibir ese maravilloso presente del que nos habían hablado con anticipación.
Por ello, dichos países podrían haber salido en los primeros lugares de la percepción de satisfacción y felicidad. Segunda idea: quizá ahora no tengamos lo mejor, pero tengo la esperanza de que mañana lo tendré, y eso me hace sentirme contento.
A todo ello, surge entonces la más grande pregunta: ¿en qué se puede encontrar la felicidad? La noticia, primeramente mencionada, hablaba sobre economías. ¿Pero es la economía lo que en verdad es el sustento de la felicidad? A nivel material, podrá satisfacer muchas cosas, pero nunca podrá llenar por completo al ser humano.
Uno de los más grandes fenómenos de la sociedad moderna es la búsqueda de satisfacciones en cosas materiales, pero encontrándose con un fenómeno constante, como lo es la sensación de vacío en sus vidas.
Hablar de buscar la felicidad en los valores, en la familia, en algo trascendente, en aspectos no materiales de la vida, es como hablar de pitufos: pocas personas creen en ellos o afirman que dichas cosas, al no poder ser vistas ni tocadas, ni mucho menos sentidas, como se siente algo material, no existen y son únicamente inventos de épocas medievales o de personas mediocres y conformistas.
Desgraciadamente, las ideas cientificistas nos arrastran y nos hacen creer que lo que no puede ser medido no existe. ¡Mentiras! Se ha escindido al ser humano negando un aspecto tan real como el sol, como lo es la parte trascendente, la parte espiritual.
Mientras se siga luchando por rechazar esta realidad en el mundo y en el ser humano, seguiremos encontrando personas que seguirán buscando, incesantemente, la felicidad. Al final de cuentas, es el más grande anhelo del hombre: ser feliz. Queda la reflexión: ¿qué es lo que nos hace felices?, ¿en qué he depositado la fuente de mi felicidad? Al menos yo, "no busco la felicidad, la encuentro en cada instante".

No hay comentarios:
Publicar un comentario