viernes, 17 de diciembre de 2010

Transición mexicana: El problema no es sólo el narco. Parte II


 

Por: Jesús Caudillo

Diciembre / 2010

 

 

Nuestro país ha adoptado recientemente la discusión sobre la legalización de las drogas. Ante la ola de violencia e inseguridad que azota a muchas regiones de México, el debate de la legalización de las drogas, específicamente de la mariguana, ha sido considerado una especie de escape, una aparente solución para un problema más profundo.

 

Para el especialista en asuntos de seguridad, José Antonio Ortega, la legalización de las drogas es una cortina de humo. El debate desarrollado en México y Estados Unidos abarca únicamente a la mariguana.

 

No se está hablando de todas las demás. Según Ortega Sánchez, sería muy grave que se hablara de la legalización de la heroína, de la cocaína, y de las drogas que van acabando con la gente. Es enfático y claro: "Si se legaliza la mariguana, no se resuelve el gran problema de la violencia".

 

-¿Por qué hablar de la legalización de las drogas como un instrumento para eliminar la violencia?

 

"El ex presidente Fox, entre otros, habla de legalizar la mariguana y de cobrar mil por ciento de impuestos. Nadie va a comprar, especialmente los adictos, drogas legales en el sentido de que se pueden vender, pero inaccesibles por el impuesto que tendrían. Todo adicto, evidentemente, compraría drogas legales, pero ilegales para evadir sus altos costos. (La legalización de las drogas) es una mentira, no han reflexionado quienes la están promoviendo.

 

"Por otro lado, el que se acabe el negocio de venta de mariguana, porque será legal y será adquirida en todos lados, no quiere decir que quienes venden mariguana no están sujetos a que los extorsionen, secuestren, violen y les cometan todo tipo de delitos.

 

"Las organizaciones criminales cerrarán sólo un pequeño capítulo de la venta de drogas, que es la mariguana, pero les queda la cocaína, heroína, pastillas, etcétera. Además, les quedan los otros giros criminales, porque van a seguir controlando las plazas y exprimiendo a la sociedad. Su negocio es la violencia, es apoderarse de esas plazas para terminar de exprimirnos y sacarnos todo lo que tenemos. Ahí está la gravedad del asunto y nadie lo está viendo".

 

-¿Qué tendría que pasar para que México termine su proceso de transición por el que atraviesa, en términos de seguridad?

 

"Lo primero es que la sociedad despierte. La sociedad ha estado dormida. Hay un silencio criminal. Estamos viendo cómo nuestros hermanos de Juárez, Tamaulipas, de Monterrey, de la zona serrana de Durango, Michoacán, Guerrero, etcétera, están sufriendo la violencia y nosotros seguimos callados, inmóviles, en una tremenda pasividad. Estamos esperando a que nos suceda para que levantemos el grito en el cielo.

 

"Debemos hacer un pacto político de seguridad que lleve a las instituciones de seguridad pública a tener una política de cero tolerancia en contra de los violentos. No podemos permitir que se siga asesinando, secuestrando, extorsionando personas en alguna parte del país y no haya responsables; que no estén en la cárcel aquellos que ordenan, operan y ejecutan esta violencia.

 

"Tenemos que meter gente a las cárceles, tenemos que iniciar investigaciones, persecuciones legales en contra de los violentos para poner orden en el país. Tenemos que implementar un esquema de responsabilidades en las instituciones de seguridad pública, porque no hay suficiente información ni transparencia de cuáles son los indicadores que nos han llevado hasta donde estamos ahora en la violencia:

 

"Cuál es la tasa de homicidios, cuál es la tasa de secuestros, cuál es el número de extorsiones permanentes, derecho de piso que se está pagando en el país, para responsabilizar al presidente, a los gobernadores, a los presidentes municipales, a los secretarios de Seguridad Pública, a los procuradores, y cada quien tomando la responsabilidad que le toca. (Tienen que) fijarse objetivos claros, concretos, creíbles, metas de reducción de la violencia y reducción del delito, tiempos perentorios, y hacer permanecer la dependencia en el cumplimiento de sus metas.

"Si no existen esas metas, se van cumpliendo las metas y se vuelven a fijar nuevas metas de cara a la sociedad, no vamos a poder salir adelante".

 

A su decir, es imprescindible abatir la impunidad. "El Estado debe castigar esos delitos que más nos agravian, tiene que haber sentencias condenatorias y soporte legal para las acusaciones. Tiene que haber un castigo para los responsables de esta hecatombe que estamos sufriendo hoy los mexicanos".

 

Otra de las prioridades que identifica Ortega Sánchez es la necesidad de una verdadera rendición de cuentas y de una real transparencia. En ese sentido, pide que el ocultamiento de datos sobre crimen y violencia deje de ser una práctica común de las instituciones de justicia mexicanas. Y pone un ejemplo:

 

"En Oaxaca, los datos que da la Procuraduría de Oaxaca al Sistema Nacional de Seguridad Pública es que hay cero secuestros. Yo fui a denunciar que el crecimiento del secuestro en Oaxaca ha sido de mil 700 por ciento: pasaron de dos secuestros denunciados en 2005 a 126 que van a tener este año. Hay 99 secuestros denunciados en la procuraduría del estado y la procuraduría oculta, maquilla la información. Dicen que no hay secuestros".

 

Y agrega: "Ojalá que los nuevos gobernantes como Gabino Cué tengan el valor de dar a conocer la verdadera cifra de los delitos que más nos agravian para que puedan rendir cuentas a la sociedad".

 

Un aspecto sin el cual no es posible mejorar nuestra situación es que "tiene que haber una verdadera depuración de la policía y de las instituciones de seguridad pública, sin impunidad para los responsables de este desastre. Los que estén coludidos, los que estén en contubernio, los que estén en colusión tienen que ser castigados.

 

Según Ortega Sánchez, el pueblo mexicano tiene que captar el mensaje de las autoridades de que no se tolera esa corrupción y de que las personas que han participado de ella en los más altos niveles, son castigados. "Si no hay un gobernador o un ex presidente, una muestra clara de que se va a ir en contra de ellos, de nada sirve que capturen a los criminales de medio pelo. Así no podrá resolverse el problema", afirma.

 

Tajante, asegura que la iniciativa del presidente Calderón de crear mandos únicos por cada entidad federativa es "otro maquillaje". La policía tiene que refundarse y los mandos deben ser renovados, indica.

 

"Se tiene que empezar por pagarles bien a los policías. Cada uno de ellos debe ganar ahora por lo menos 10 mil pesos. La estructura policíaca tal como está diseñada, hoy ya no sirve a la sociedad mexicana. Si seguimos con la misma receta, la impunidad y la corrupción seguirán incrustadas en las instituciones de justicia mexicanas".

 

Los derechos humanos son otra tarea pendiente, desde la visión del especialista. Y asegura: "No se puede combatir al crimen organizado violando los derechos humanos. Se tiene que poner orden en las prisiones, porque si el gobierno no es capaz de controlar los penales, menos será capaz para poner orden en el país".

Según Ortega Sánchez, desde los penales se hacen llamadas para secuestros y extorsiones, se planean crímenes. "Es un verdadero desorden, todo te cuesta. Hay prostitución, hay alcohol. Es más fácil delinquir desde adentro, porque tienes todas las facilidades, que desde afuera".

 

Como último aspecto para que México alcance la seguridad y la paz, Ortega Sánchez ve prioritario establecer tener una alianza estratégica con Estados Unidos y Centroamérica. En esta alianza estratégica, afirma, tiene que haber una nueva forma de establecer la alianza contra el crimen organizado.

 

"Debe haber un mayor esfuerzo de Estados Unidos para proporcionarnos inteligencia y para que las acciones de la autoridad mexicana sean muchísimo más eficaces. No puede ser que sigamos con la misma relación, echándonos la culpa unos a otros de esta hecatombe.

 

"Ellos pueden aportar mucho en inteligencia para que los golpes de las autoridades mexicanas sean más certeros, más precisos. Debemos establecer, así como se hizo el Plan Colombia, el Plan México, que rebase las expectativas, los alcances y la profundidad de la Iniciativa Mérida.

 

"Si no lo hacemos así, con ellos y con los países centroamericanos, la violencia no sólo va a incendiar a México, a Guatemala, a El Salvador a Honduras y a Costa Rica, sino también a los Estados Unidos, donde ya empieza a haber muestras de deterioro. Solamente en 2008 hubo 371 secuestros en Phoenix, Arizona, cometidos por los cárteles mexicanos.

 

"Si los norteamericanos deciden ayudarnos, sin estar echándonos la culpa de la violencia y fijamos nuevas reglas de verdadera colaboración, la relación va a funcionar. Sí hay salida, sí hay esperanza".

 

 

 

 

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