Por: Jesús Caudillo Diciembre / 2010 La alternancia política ha ofrecido a México una serie de avances y progresos en el terreno político, económico y social, aunque también hace imperativo que los mexicanos asumamos con mucha responsabilidad el destino de nuestro país. Para Bernardo Ardavín Migoni, presidente del Centro de Estudios Políticos y Sociales, el proceso de transición mexicana tiene todavía muchas cuentas pendientes que podrían ser resumidos en tres aspectos: transformaciones políticas, sociales y económicas. Con la claridad, lucidez y profundidad de pensamiento que lo caracterizan, Bernardo Ardavín Migoni ofrece en exclusiva para los lectores de www.yoinfluyo.com su visión del camino que México debe tomar para culminar, de una vez por todas, su proceso de transición. - A 10 años de la alternancia en el poder, ¿qué aspectos positivos podemos rescatar de este periodo de gobierno del PAN? Es necesario reconocer que sí hay ciertos avances. La transición clásicamente supone un cambio, (que va) desde una sociedad paternalista, autoritaria, hacia una sociedad más democrática. Durante 72 años hubo un solo partido. Teníamos una democracia que era, en buena parte, artificial y acotada. Con la alternancia se da un paso importante. Es mérito del pueblo que finalmente se decide a elegir a un gobernante de otro partido y de los personajes que ahí intervinieron. Vicente Fox tuvo la audacia de hacer su propuesta y sostenerse con gran perseverancia, aun cuando tenía esperanzas pobres de triunfo. Desde el punto de vista económico, México ha tenido ancestralmente el problema de la pobreza que no hemos podido resolver. Tuvimos una Revolución de la cual ahora conmemoramos 100 años, y después de esa experiencia traumática, que dejó un millón de muertos, principalmente campesinos, de un total de 14 millones de personas, hubo una sangría tremenda desde 1910 y hasta 1929. El resultado final, a la postre, después de 100 años, es que muchas de las banderas, sobre todo las propuestas de Madero, que dieron lugar a la Revolución no se han logrado. Esto supone un cambio muy importante desde el punto de vista económico. En estos 10 años ha habido una menor devaluación. En el caso del presidente Fox, por primera vez en 30 años no se perdió el poder adquisitivo del salario, y se tuvo incluso un ligero incremento. Sin embargo, la economía no ha crecido. Es imposible que la riqueza se distribuya mejor si no hay crecimiento. El empleo no ha empeorado gran cosa, siempre hemos tenido problemas con el empleo. No hemos logrado un sistema de economía de mercado con responsabilidad social. No hemos podido reducir la pobreza de manera significativa, y esto es una asignatura pendiente, porque no crece suficientemente el país. Tenemos demasiados monopolios públicos y privados, y éstos nos hacen un daño muy serio. Desde el punto de vista social, tenemos asignaturas pendientes. El principal problema de México es la educación. En la educación, donde siempre nos habíamos negado a aceptar a que nos calificaran, ya somos calificados. Ha habido mucha mayor transparencia, que comenzó con el gobierno de Fox y continúa con el de Calderón. Tenemos el derecho a la información que, incluso, ha caído en excesos. Sin embargo, en educación nuestra calificación es muy mala. Si no hay educación y ésta no tiene buena calidad, todo lo que hablemos de competitividad, productividad, desarrollo y autosuficiencia, son puras utopías. El factor humano, las personas son la mayor riqueza que tiene una nación. Como somos seres inteligentes, lo más importante es que nos desarrollemos intelectualmente. La educación no supone únicamente conocimientos, no se trata de formar personas eruditas, sino personas cultas. La cultura es el conjunto de valores con los cuales las personas se ubican en la vida: ¿cuál es mi origen? ¿hacia dónde voy? ¿cúal es mi destino? ¿qué es lo que yo busco en la vida? ¿qué valor tiene para mí la familia, el gobierno?¿qué significa la solidaridad? ¿cuál es mi papel? Todo eso es cultura. El sistema político mexicano que estuvo vigente durante 72 años, durante tres cuartas partes del siglo pasado, era un sistema corporativista y estaba organizado de forma vertical. El corporativismo fue un tejido que abarcó a la sociedad entera. Eso es muy malo y supone un problema muy serio porque no hay libertad y donde no hay libertad, tampoco hay responsabilidad. Entonces, las personas en México somos muy individualistas y nos desentendemos de los problemas nacionales, colectivos, de los problemas de la comunidad. Finalmente, nos desentendemos de lo que denominamos el bien común que, desde luego, su consecución debe ser coordinada con el gobierno. Esto no es, desgraciadamente, una preocupación normal en nuestra población porque hay un gran egoísmo, una gran cerrazón, de manera que cada quien "se rasca con sus propias uñas". Las personas no tienen conciencia de la problemática nacional y, por tanto, no participan, no exigen y no aporta. Tenemos, pues, una sociedad invertebrada. Entonces, nuestra transición supone cambios en el aspecto social, en el aspecto económico y en el aspecto político.
Una derivación de esa situación tan grave es el problema que hoy tenemos con el narcotráfico. El problema del narcotráfico, lo dijo el presidente hace poco, no podía ser impune, de gran tamaño y dominante de no ser porque contaba con padrinos en el ámbito político y social: entre empresarios, legisladores, gobernadores, presidentes municipales, polícias, jueces… Todo esto es un resultado mixto que ha tenido algunos aspectos de avance para lograr una economía creciente que pueda dar respuesta a las demandas legítimas de los mexicanos desde el punto de vista de su salario, trabajo, de sus prestaciones sociales, en la educación, habitación, en la salud, en todas las prestaciones a las que tiene derecho por ser persona y por ser parte de esta nación. Tenemos el problema de que necesitamos un sistema de economía de mercado con responsabilidad social, pero que debe ser exitoso, que nos lleve a los niveles de crecimiento que necesitamos para poder dar respuesta a las demandas. Desde el punto de vista social, necesitamos una sociedad articulada, que respete el Estado de Derecho, solidaria, subsidiaria, una sociedad en la que las personas quieran cumplir con sus obligaciones y que tengan todos sus derechos. En el terreno político, necesitamos otro sistema. No es lo mismo afirmar que ganó Fox y el partido Acción Nacional, a decir que perdió el PRI. Aunque el resultado es el mismo, la causa es diferente. El PRI perdió porque se debilitó tremendamente con sus pugnas internas, que llegaron hasta el asesinato de sus propios miembros. Aquí asesinaron al Cardenal Posadas, a Colosio y a Ruiz Massieu. En esos tiempos no sucedía nada que no fuera controlado por el gobierno. Ahí están ocultos esos magnicidios que finalmente se deben a las tensiones que no pudieron ser manejadas con las reglas que mantenían en paz al régimen. La problemática de la transición es que estamos muy lejos de lo que debiera su objetivo final, que es la formación de un nuevo sistema político que concilie las nuevas condiciones. Sí hay muchos parámetros en los que hemos avanzado, pero por ejemplo, una de las tremendas fallas que padecíamos anteriormente era que todo dependía del Poder Ejecutivo. Es evidente que hoy hay una verdadera división de poderes. Sin embargo, esa división de poderes debe encontrar una fórmula de avenimiento, de armonía. Son tres poderes que deben trabajar para lograr el objetivo del bien común. Eso supone que estos poderes y los políticos tengan un objetivo, una meta de hacia dónde vamos. ¿Cuál es el destino de este país? Todos los países tienen un destino definido que está por encima de las diferencias programáticas de cada partido. Gana uno o gana el otro, no importa, hay ciertos objetivos de largo plazo que son respetados por todos y de los cuales la sociedad es la dueña. En México todavía tenemos un nivel de inmadurez política que nos impide tener ese objetivo común. ¿Qué es lo que quiere México para dentro de 50 años o por lo menos para dentro de 25 o 30 años? ¿Qué es lo que vamos a hacer? ¿Cuántos habitantes vamos a ser? ¿Cuál es el ingreso que vamos a tener? ¿Cuál es el nivel educativo que queremos tener para entonces? ¿Cuáles son las principales industrias a las que nos vamos a dedicar? ¿Cuáles son las industrias secundarias que vamos a privilegiar? Hace falta una visión de estadista. La transición que debe llevar a un nuevo sistema político, que equilibre los poderes y que nos permita perfeccionar el sistema democrático, está pendiente. El problema de la transición es que se ganó la Presidencia y algunos gobiernos estatales, pero el PRI sigue siendo enormemente fuerte. El sistema político mexicano sigue vigente en muchos de los procesos políticos en México. Aun cuando se haya perdido la Presidencia, siguen vigentes muchas de las viejas reglas. Como no sirven para la nueva realidad, tenemos una realidad para la cual las viejas reglas no funcionan, y donde las nuevas reglas no las hemos diseñado y no han entrado en vigor. El mayor riesgo que hoy corremos es una regresión. Se habla mucho del peligro de volver a un sistema democrático falso que nuevamente instituya el autoritarismo como forma de gobierno y que, además, no cure este gravísimo mal, este cáncer que nos corroe, de la corrupción sistémica. Sí hemos avanzado, pero debemos trabajar enormemente. Quizá lo primero que necesitamos es tener conciencia de dónde estamos y ponernos a trabajar sobre los pendientes en el terreno social, político y económico. En México se ha dado una circunstancia que nos complica la vida, porque estamos en una transición interna, en una crisis económica muy importante y tenemos la globalización que tiene muchos aspectos. Es cultural, social, educativa, económica, política. Ya se han dado fenómenos tan importantes como la conformación de la Unión Europea. Hay que decir, sin embargo, que el elemento detonador de esta nueva realidad son las comunicaciones. La globalización en el aspecto económico, que ha oscurecido las otras dimensiones humanas de la globalización, acerca de las cuales los Papas han hablado con una clarividencia enorme, ha provocado que la competitividad sea la moneda de cambio para tener un lugar en el mundo. En ese punto hemos venido cayendo, porque nos hemos quedado rezagados respecto a otros. Esa es la realidad. Esta problemática tiene muchas aristas, pero también ofrece enormes oportunidades. El reto es que los mexicanos sepamos aprovechar estas circunstancias de la modernidad y que lo hagamos sin traicionar nuestros valores culturales. Ese pueblo nuestro que está llamado a aportar a esta nueva cultura con muchos aspectos positivos, pero primero tenemos que atender nuestras gravísimas necesidades insatisfechas y después ayudar a los demás. Ahora que se habla de transición y alternancia, al hacer una prospectiva de la nueva realidad que queremos, ¿es posible alcanzarla con los mismos actores, instituciones, reglas, etc., que participaron del viejo sistema y que hoy sobreviven? Todo se puede cambiar. Podemos cambiar las instituciones, las leyes, pero lo que no podemos cambiar es a la gente. Hay que bregar con la gente que hay. Tenemos una gama variadísima de formas de pensar, creencias, cultura, religiones, etcétera. Tenemos una población nada despreciable que pertenece al mundo indígena y que deben aceptar esta nueva realidad: o aprenden inglés o español o algo que los meta en el mundo para que no sean observadores pasivos. Recuerdo muy bien que cuando se dio el problema del EZLN, en Chiapas, en la televisión se entrevistó a una persona indígena de edad avanzada, que dijo: "Ustedes creen que nosotros somos tontos. Nosotros lo que queremos es que nuestros hijos sean ingenieros, abogados, que sean como ustedes, que se vayan al extranjero, y que sigan siendo miembros de nuestra comunidad, orgullosos de su origen y su cultura". Ahora que celebramos los 200 años del inicio de la Independencia, recuerdo la obra magnífica, notable y admirable de Agustín de Iturbide, cuando se vio en una situación como la nuestra. Él asentó en el Plan de Iguala, con las tres garantías, que la condición más importante por la que peleó fue la unidad, la unión. Por la unión de una sociedad tremendamente heterogénea y muy encrespada, enfrentada. La respuesta fue una visión de conjunto, respetando los valores del país, logrando con eso la unidad. Por eso me niego a ver a la política en función de partidos. Personas buenas hay en todos los partidos, con sus ideas, sus doctrinas. Gente corrupta hay en todos los partidos. Gente que sólo ve por sus intereses hay en todos los grupos y en todos los partidos. Tenemos que buscar un cierto acuerdo nacional. La Constitución ya no responde a nuestra realidad. De por sí, la de 1917 es una Constitución muy sectaria, hecha al gusto de una pequeña facción. Necesitamos un nuevo acuerdo social, un nuevo orden legal, pero sobre todo necesitamos que este nuevo orden legal interprete la realidad nacional y los valores de la sociedad de acuerdo con el bien general. Prácticamente en todos los ambientes nacionales existe la inquietud de que necesitamos lograr ciertos comunes denominadores que nos permitan trabajar en concordia y que nos ayuden a superar las divisiones partidistas en las que pequeñísimos grupos hagan marchar al país según les da la gana. Hay un divorcio muy grande entre la clase política y el resto de la sociedad. La sociedad está sufriendo estos cambios, en gran medida económicos, cuando no pueden satisfacer sus necesidades. Como no hay respuestas, se pueden generar tensiones peligrosas. - Parece que esta posibilidad se dio cuando Vicente Fox entró al poder. ¿No ha pasado ya la oportunidad de hacer ese pacto? Es urgente tener planes concretos que puedan dibujar mejor, detallar esta pretensión de un país distinto en sus diferentes dimensiones. Hay muchas asociaciones e instituciones académicas que han hecho propuestas sobre cuál debiera ser el modo para avanzar en esta transición planteada de forma amplia. El problema no es hacia dónde queremos ir, sino cómo y a qué ritmo. ¿Con qué negociaciones? ¿De qué manera logramos que estas ideas sean compartidas por otros, sin que necesariamente acepten lo que decimos? Lo que sí debemos aceptar todos es que debemos cambiar. Todos estamos de acuerdo en que necesitamos mejor educación de mayor calidad, pero no existe la voluntad política adecuada para lograr ese cambio fundamental. Todos estamos de acuerdo en que la economía debe crecer. Todos estamos de acuerdo en que necesitamos un sistema económico de mercado más ortodoxo, sin tantos monopolios, privilegios, en el que muy pocos pagan impuestos. Necesitamos un sistema económico con una recaudación más adecuada al Producto Interno Bruto. Aquí, no pagar impuestos es un aspecto cultural muy malo porque no puede haber una comunidad nacional en la que el gobierno no tiene los fondos necesarios para funcionar. Todos estamos de acuerdo en que necesitamos un nuevo sistema político. Lo que necesitamos son medidas que nos permitan mayor armonía. No podemos estar peleándonos por todo, por nimiedades o problemas más profundos. No podemos estar parados. En parte, ha habido un proceso perverso porque quienes perdieron el poder del sistema político se han tirado al piso. Entonces, no tienen la fuerza de la Presidencia para hacer lo que ellos quieren, pero desgraciadamente han optado por usar su fuerza para impedir que se hagan las cosas. Eso es terrible porque eso sí nos lleva a una situación de inmovilización peligrosísima. Las circunstancias siguen agravándose y estamos empeorando en algunos aspectos por esa resistencia perversa desde el punto de vista cívico, político y moral. Esto se da en buena parte por la falta de un acuerdo fundamental alrededor de lo que se quiere para el país. - ¿Entonces sí hay esperanza? No hay ningún problema mayor a la capacidad de los hombres que los creamos. Nosotros nada podemos hacer contra el calentamiento global, muchas veces exagerado. Ahí podemos hacer muy poco porque no controlamos estos fenómenos. Sin embargo, algo debemos hacer para modificar las decisiones humanas que nos afectan desde el punto de vista social, económico y político. La esperanza nunca se acaba.
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viernes, 17 de diciembre de 2010
Cepos
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