Septiembre / 2010
Sin lugar a dudas, a lo largo de los años la orden de los jesuitas ha tenido un gran impacto en México, pues más allá de ser parte de nuestro país mucho antes que se independizara o de que actualmente siga preocupándose por la educación, ayudó a la conformación de nuestra sociedad.
Cuando los jesuitas llegaron a Nueva España se encargaron de evangelizar como las demás órdenes, pero se distinguieron por abordar a los indígenas nómadas, por enseñarles el Evangelio y, sobre todo, por hacerlos parte de la nueva sociedad que se estaba formando, siempre cuidando que sus derechos fueran respetados.
Durante su estancia en la Nueva España fueron la única orden internacional consciente de la importancia de ciertos sectores en México, de la realidad geopolítica y buscaron construir una sociedad basada en la educación, lo espiritual y con una visión a futuro.
Eran capaces de tener información de China, India, Flandes, Rusia, Filipinas, Estados Unidos, y de comunicar todo eso en náhuatl, pápago y en tarahumara.
Los jesuitas eran un grupo social, o mejor dicho, una élite en el mejor de los sentidos, con contactos con el mundo, la historia, la tecnología y presta para promover la investigación con un sólo objetivo: ayudar.
Es decir, se preocupaban por formar una sociedad en lo educativo, científico y tecnológico, y educaban por igual a las clases más marginadas que a los peninsulares de la parte más alta en la pirámide social novohispana.
De hecho, gracias a ello criollos y mestizos, quienes impulsarían la Independencia, obtuvieron una formación elevada, que les permitió un pensamiento que buscara la igualdad.
Llevaban el rumbo de nuestro país y lo hacían muy bien, hasta que España decidió que era buena idea copiar el modelo de Inglaterra, en donde se le quitaba poder a la Iglesia.
Y así, un día llegó a Nueva España la orden de que este grupo debía abandonar sus actividades y dirigirse a Veracruz para salir del país; aunque hubo civiles que se opusieron y que hasta pensaron tomar las armas, fueron los propios jesuitas quienes se los impidieron.
Se cerraron las escuelas, las investigaciones quedaron detenidas, se perdió el impulso empresarial que había, varias Iglesias se quedaron sin sacerdotes, gran parte de los indígenas dejaron de ser educados, disminuyó la cantidad de misioneros, pero sobre todo, dejamos de estar en contacto con el mundo.
La sociedad mexicana dejó de saber qué pasaba en otros lugares; además, la comunicación que llegaba era escasa y no era entendida por muchos desde una visión global.
Por ello, después de la Independencia no se sabía cómo dirigir la formación de una sociedad, ya habían pasado 40 años en los que nadie se encargaba de eso, y no había quienes se percataran del inminente peligro en que México se encontraba frente a otros países.
Al no haber una visión geopolítica de lo que pasaba en el mundo, era difícil advertir el deseo de Estados Unidos por una invasión, que años más tarde llevaría a cabo y con la que se apoderaría de grandes territorios, ni lo que implicaba tener como enemigo a Francia, país que provocaría una Guerra, la de los Pasteles.
Al final, la expulsión de los jesuitas no sólo implicó romper con la línea de formación que había en la sociedad mexicana, retrasar al país en materia científica o perder territorio, sino que aún hoy continuamos rezagados como nación, y aunque regresaron años más tarde, todavía nos falta mucho por hacer.
Hay que recordar que una nación la hace toda su población y las acciones que implementaron los jesuitas durante la época de la Nueva España son una buena base para mejorar como país.

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