Fernando Sánchez Argomedo
abril / 2010
Te amo. Al final son un conjunto de letras que al escribirse o vocalizarse evocan un concepto, pero pocos saben lo que implica y la responsabilidad que adquirimos al usarla.
Para entender la profundidad de esta actitud, que es más que palabras, hay que reflexionar sobre el testimonio vivo de una Persona que nos dejó muy claro el legado de Amor y le dio pleno significado: Jesucristo.
Esa reflexión que se convierte en un punto de comparación, nos puede dar un claro parámetro para entender a qué nos referimos, pero sobre todo, nos puede ayudar a comprender lo que implica Amar de verdad.
El Amor para Él, Dios hecho hombre, es una entrega plena al ser amado, lo cual implica una total donación –cuerpo y espíritu– de su parte.
Efectivamente, Jesucristo Amó hasta el extremo de dar su vida para darnos la posibilidad de ser felices, y en el camino de esa entrega demostró, con su ejemplo, un total desapego al individualismo y una gran ocupación por los demás, quienes resultamos ser los depositarios de ese Amor.
Este parámetro de Amor se puede aplicar a nuestras vidas, pues Jesucristo vino al mundo a mostrarnos las capacidades humanas y el sentido de nuestra existencia. También con su ejemplo demostró que el secreto de la vida se encuentra en nosotros mismos, en nuestra naturaleza, y como consecuencia, al ser seres humanos como Él, en nuestra capacidad para Amar de verdad.
Si supiéramos Amar de verdad, estaríamos dispuestos a sacrificar nuestros pequeños placeres, gustos y comodidades por los demás, partiendo de las personas más cercanas a nosotros hasta los más alejados. Quizá la entrega no implique dar la vida en el sentido físico y temporal, pero sí dar aquello de nuestra vida que forma parte de lo que somos y queremos.
Para quienes viven la vocación del Matrimonio, el Amor –entrega total– comienza por renunciar a vivir para uno mismo, entregándose a otra persona, pero se reafirma en el día a día evitando todo acto de egoísmo, que abarca todos los ámbitos de la vida, desde lo más tonto, como puede ser ceder al ver una película que no nos agrada pensando en el otro, hasta dejar a un lado lo más placentero.
La entrega implica ceder en mi tiempo, mis gustos, mi comodidad, mi placer mi estatus, mi etcétera. Pero no es suficiente, pues para que ese amor sea verdadero y pleno, esa entrega debe satisfacernos y hacernos felices. Amar es ver con plena satisfacción y alegría el que la persona amada sea feliz, se encuentra bien, disfruta y crece habiendo entregado algo de mí… "me hace feliz darme para ti".
Las personas que saben Amar no se limitan sólo al Amor entre dos –propio del Matrimonio–, ya que son capaces de ver en los demás seres humanos, que también necesitan ser amados, la necesidad de una donación, la cual sin duda es muy distinta a la que implica una relación matrimonial.
De esta forma, la entrega a los demás se vuelve en la esencia de la Solidaridad y del Bien común, ya que en la medida en que estemos dispuestos a dar algo de lo nuestro: mi tiempo, mis recursos, mi disposición a ayudar, mi comodidad, mi etcétera, en esa medida nuestra comunidad, nuestro país y el planeta entero se convertirían en una oportunidad para vivir siendo felices.
La realidad es que como dice la canción… "Casi todos sabemos querer, pero pocos sabemos amar", y una vida sin Amor no tiene sentido vivirla, y tú, ¿quieres aprender a amar? o ¿seguirás viviendo por vivir?
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