Por Manuel Velásquez
Febrero / 2011
En
el Estado de México se llevarán cambios importantes en su conformación política. Si antes ya había probabilidad de un rompimiento entre la izquierda o un desacuerdo, ahorita ya es una realidad, a pesar de los esfuerzos de los líderes como Cuauhtemoc Cárdenas en evitar dicha fractura.
Andrés Manuel López Obrador, decidió irse "por la libre" respecto a la gubernatura del Estado de México. Atrás de él, Alejandro Encinas se vio, cuando menos, en un gran aprieto.
La estrategia de AMLO de utilizar el escándalo político como trampolín para posicionarse y a sus "hijos" políticos es bien conocida. Desde el famoso desafuero, que lo posicionó como el mártir en el 2005 y le trajo un impulso muy fuerte para la candidatura a la presidencia en el año 2006, hasta el escándalo de "Juanito" para ganar Iztapalapa —aunque en esa ocasión el juego no fue como él esperaba—.
López Obrador ha decidido implementar de nuevo esta técnica, sin embargo, ahora la bomba la ha tirado al interior del PRD, su propio partido. Pidió licencia para separarse del partido "de mientras". La excusa era perfecta: la negación de una alianza con el Partido Acción Nacional (PAN) como lo hablaba la izquierda de los "Chuchos".
Y es que dicha corriente, al parecer no ve otra posibilidad para ganar el Estado de México que no sea con una alianza. La razón no es arbitraria y es que hay que recordar la fuerza que tiene el PRI en el Edomex.
Pero lo que no se da cuenta AMLO —y al parecer no se dará—, es que al separarse del PRD e ir con sus huestes al PT y Convergencia, sus probabilidades de ganar no son muchas. Y le abre la puerta a que la aplanadora maquinaria priísta haga su trabajo eficientemente. Divide y vencerás, dicen por ahí; o al menos es lo que ahorita el PRI tiene como su máxima.
En otros temas menos grilleros, pero que también son de bastante peso, el Gobierno Federal capturó al presunto asesino del agente norteamericano Jaime Zapata. Curiosamente el agresor se llama Julián Zapata. Según dijeron fuentes federales es el líder de una célula del grupo de los Zetas radicada en San Luis Potosí.
Lo curioso del asunto es que al susodicho asesino ya lo habían capturado en diciembre del 2009. Sin embargo, fue liberado para llevar su proceso en libertad, ya que los delitos por los que fue detenido y acusado, eran menores. Se le imputaba portación ilegal de armas exclusivo del ejército, además de que se le encontró en posesión de copias de uniformes militares y de la policía federal.
También, según dijeron los funcionarios federales durante su presentación ante los medios, el presunto asesino de Jaime Zapata tenía orden de reprehensión, ya que en enero del 2011 no había asistido a firmar su libertad condicional.
El tema aún está sobre la mesa, la presentación de Julián Zapata coincide casualmente con el anuncio de que la próxima semana el presidente Felipe Calderón se reunirá con su homólogo Barack Obama, en Washington, para tocar temas del narcotráfico.
En México existen muchas coincidencias, tantas que parecieran increíbles. Pero hay que recordar que en la política, no existen. Ya veremos que le depara el a principios de abril al PRD en su elección interna.

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