domingo, 28 de noviembre de 2010

El papá que dio la vida por su hijo

 

Por: Santiago Abascal

Noviembre / 2010

 

 

La policía afirmó que aquel hombre era un conductor experto: realizó una maniobra maestra para salvar a su esposa y a su bebé de un choque frontal.

¿Cómo sucedió? Brian Wood y su esposa Erin regresaban a casa, en Washington State. El tiempo de descanso había sido muy agradable y conversaban en el coche con la compañía agradable de dos amigos. Brian conducía, mientras los amigos bromeaban.


Faltaban sólo dos meses para que Erin diese a luz al primogénito de la familia Wood. ¿Qué haría Brian con su hijo recién nacido? La idea divertía a los viajantes, pues él se dedicaba a desarrollar videojuegos.

 

Quizá el próximo éxito del X-Box consistiría en cambiar pañales y preparar biberones…


De pronto una camioneta invadió el carril y se perfiló justo de frente al coche. El conductor del vehículo se encontraba bajo el efecto de la droga y, por un momento, la respiración se cortó dentro del coche de los Wood.


Brian, sin embargo, reaccionó rápidamente. Frenó de lleno y, con una maniobra, evitó que el golpe le tocara a Erin y a su hijo. Tras el impacto, Erin se llevó un golpe en el ojo izquierdo y el bebé no sufrió daño alguno. Pero el esposo no tuvo la misma suerte: murió al instante. Con 33 años de edad, había protegido a su mujer y a su hijo con su propio cuerpo.


El 3 de septiembre, el Today Show de la cadena NBC, recibió en sus estudios a Erin, quien tenía una conmovedora historia que contar: "Si ocurría el choque frontal, los dos habríamos muerto al instante, junto con nuestro bebé. Definitivamente Brian nos salvó. Él hizo esa elección y estoy muy agradecida".


Después de cinco años de matrimonio, su último acto de amor, "me rompe el corazón, y también me llena de gratitud", indicó. "Él estaba muy emocionado por el bebé, siempre me trató con amor y me ponía en primer lugar".


Brian es hoy un héroe, el salvador de su mujer y su hijo. Sus amigos y familiares no sólo están muy admirados, sino también agradecidos por el testimonio que han recibido. A pesar de la tragedia, Erin aguarda "la alegría que vamos a tener una vez que este bebé nazca".


"Era un hombre maravilloso. Estaba muy emocionado por ser padre e hizo lo único que pudo para salvar al bebé. Estaba dispuesto a sacrificarse para salvarnos. Ésa es la verdadera medida de un esposo y un padre. Él amaba la vida", concluyó Erin.


Cuántos hombres, como Brian, entregan su vida día a día por su familia. Se sacrifican, trabajan y estarían dispuestos incluso a afrontar la muerte con tal de salvar a los suyos. Cuánta gratitud por estos héroes, padres ejemplares que, a veces, también son salvadores.

 

 

 

 

El Jarrón más valioso

ENRIQUE, para crecer como seres humanos necesitamos pasar por diferentes tipos de pruebas. La breve historia que comparto hoy habla de ello. Espero te sea de utilidad.

 


Durante siglos, a través de muchas dinastías, un pueblo se conoció por su exquisita y frágil porcelana.

 

Especialmente sorprendentes eran sus jarrones: tan altos como mesas, tan anchos como sillas, eran admirados en todo el mundo por sus acentuadas formas y su delicada belleza.

 

La leyenda dice que cuando cada jarrón era terminado, había un paso final. El artista lo quebraba, y luego lo componía con filigrana de oro.

Un jarrón común era luego transformado en una apreciable obra de arte. Lo que parecía terminado no lo estaba... hasta que lo rompían.

 

Si no está roto, ¡rómpalo!

 

 

 

DESMEMORIADOS

Lo que nos pase nos lo mereceremos por no tener memoria histórica !!!!


   La desvergüenza de Beatriz


   Por: Ciro Gómez Leyva



   La primera conmoción nacional por los secuestros ocurrió a mediados de
   los 90, con los casos Harp, Vargas, Losada, Senderos. México estaba
   gobernado por el PRI. Los guaruras se centuplicaron.


   Cuando en 1994 y 1995 las bandas de secuestradores de La Víbora, Los
   Aparicio, Los Tlaycas tomaron Morelos, la entidad era gobernada por el
   priista Jorge Carrillo Olea, un especialista en seguridad. Quedó
   registro de la complicidad entre criminales y policías. El director de
   la Policía Judicial morelense era una leyenda policiaca del PRI: el
   capitán Jesús Miyazawa.


   El apogeo de los cárteles de la droga en Jalisco comprendió también el
   periodo del gobernador priista Enrique Álvarez del Castillo, a quien
   luego el priista Carlos Salinas de Gortari nombró procurador general
   de la República.


   El auge de los cárteles y el crimen en Sinaloa se dio entre
   gobernadores priistas: Antonio Toledo Corro, Francisco Labastida,
   Renato Vega.


   Con el argumento de que poco pueden hacer con la migración, los
   municipios conurbados del Estado de México han sido desde el priista
   Carlos Hank González hasta el priista Enrique Peña Nieto, zona franca
   para delincuentes grandes y pequeños.


   Chihuahua es hoy la entidad más violenta del país. El PRI la gobierna
   desde hace diez años. Ni qué decir de Tamaulipas, Coahuila, Durango,
   Oaxaca...


   Con una desvergüenza del tamaño de la desgracia, la presidenta del
   PRI, Beatriz Paredes, culpó a los "otros" por la presente tragedia de
   la inseguridad. Y perfiló a su partido como el único que en el futuro
   puede encararla y doblarla. Su partido, el de Cosío Vidaurri, Cavazos
   Lerma, Yarrington y Montiel.


   Desvergüenza: dicho o hecho impúdico o insolente.


Desvergüenza, la de Beatriz. Y la del PRI: la opción de la experiencia.


A ESTO LE LLAMO DESCARO Y CINISMO......


 Y a estos elegimos para que nos vuelvan a gobernar...??? Pobre
   México, pobre República,


Sólo un país tercermundista reelige a sus dictadores....


Ya vemos a Salinas frotándose las manos detrás de su niño bonito
Peña Nieto,    de los mexicanos depende,.....y probablemente nos lo merezcamos por    apáticos, sin civismo ni amor a esta tierra......

 

 

 

 

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¿Cuál es la prisa?


Me gustaría detenerme en este mismo instante. ¿Por qué tanta agitación? Ya no sé detenerme. Me he olvidado de rezar, se me olvida que estás ahí.


Autor: Ma. Esther De Ariño

Fuente: Catholic.net

 

Un día y otro día regreso a Ti, Señor. A veces no es continuo mi acercamiento porque hay "otras cosas" que me entretienen, que me ocupan y me olvido de Ti. Y hay ando queriendo ser yo la que arregla las cosas, ser yo la que les doy solución a los problemas pero sin tu ayuda….porque me creo suficiente.


Paso por momentos difíciles, me entra la angustia, el miedo, la tristeza, me veo débil, vulnerable, y es entonces que me acuerdo de Ti y se que tu siempre me estás esperando. Por fin, rendida de mis afanes, de mis luchas y muchas veces de mis equivocaciones… regreso a Ti Vuelvo a recordar tus palabras: " Vengan a mi, todos los que estén fatigados y agobiados por la carga, que yo les daré alivio" Mt.11, 28.


Hay días que todo parece hecho para sacarnos de quicio! Hay días que uno y mil detalles, pequeños quizá, nos ponen con los nervios de punta y sentimos que la paciencia se nos termina ante tanta contrariedad.


Hoy, Señor, es uno de esos días.... Necesito que me ayudes, que des sosiego a mi alma, paz a mi mente que parece caballo desbocado y esa impaciencia me hace mucho daño.


Al abrir los ojos ante un nuevo día lo primero que debí hacer es poner mi mente y mi corazón para darte gracias, después pedirte. Pedirte sin temor de abrumarte. Es la manera de involucrarte en nuestro diario vivir. Tu como Padre bueno nos escuchas y sabes de todas nuestras necesidades, aún mejor que nosotros, pero quieres que te lo pidamos y así hacemos un diálogo directo contigo. "Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá"- nos dices.


No siempre se cumplen nuestros deseos al pie de la letra pero hemos de estar seguros que alguna gracia nos llegará en lugar de aquello que pedimos con todo el corazón y no se nos dio porque los planes de Dios no siempre coinciden con los nuestros. Lo que siempre debemos de pedir con gran fe es que nos llene de paciencia para vivir el nuevo día que se abre ante nosotros.


La paciencia es una virtud que hace que soportemos los males con mucha más aceptación. Dicen que la paciencia es más útil que el valor. Nos da la cualidad de saber esperar con tranquilidad las cosas que tardan en llegar y nos hace más llevadero todo aquello que nos alcanza y nos hace sufrir: enfermedades, reveses de fortuna, momentos de dolor y prueba, impotencia ante una amarga situación, etcétera. Todo esto con paciencia será mejor llevado y dará a nuestro diario vivir la paz anhelada.


Mil cosas vendrán que pondrán a prueba nuestra dosis de paciencia. Por eso hay que tener un verdadero caudal, fuente inagotable de la que siempre podamos beber. ¡Qué no se nos acabe la paciencia! porque si ella se nos termina rápidamente ocupará su lugar en nuestra alma la desesperación, la irritación, el mal modo, el abatimiento, el enojo y tal vez la ira. La ira es uno de los pecados capitales que más nos desgarra el alma, nos convulsiona, nos enloquece hasta perder toda dignidad y compostura. Voy a ejercitar en todas las cosas mi paciencia.

En este mundo actual es una de las virtudes más difíciles de poseer y sin embargo es de las más necesitadas precisamente por la forma de vivir tan compulsiva y apremiante que tenemos.


La paciencia y la paz van siempre unidas. En mi caminar por la vida, si tu me ayudas Jesús, voy a encontrar y poseer una paciencia a prueba de todo y la paz se me dará por añadidura. Sé que no es fácil, ante ciertas circunstancias y personas tener paciencia, pero hay que pedírtela.


Señor ¿por qué a veces se me olvida que estás ahí? Todo el día corriendo para acá y para allá. Debo detenerme…


" Señor, me gustaría detenerme en este mismo instante. ¿Por qué tanta agitación? ¿Para qué tanto frenesí?. Ya no se detenerme. Me he olvidado de rezar. Cierro ahora mis ojos. Quiero hablar contigo, Señor. Quiero abrirme a tu universo pero mis ojos se resisten a permanecer cerrados. Siento que una agitación frenética invade todo mi cuerpo, se agita, esclavo de la prisa. Señor, me gustaría detenerme ahora mismo. ¿Por qué tanta prisa? ¿Por qué tanta agitación?. (Hasta aquí una parte de su escrito para terminar así). Mi corazón continua latiendo pero de una manera diferente. No estoy haciendo nada, no estoy apurándome. Simplemente, estoy ante Ti, Señor. Y qué bueno es estar delante de TI. Amén." P. Ignacio Larrañaga


Ayúdame mi Señor, en todas las pruebas que me salgan al paso.

 

 

 

¡Claro que los muertos hablan!


Todos ellos, nos están invitando: ¡Venga! ¡A no desfallecer! Que no sabéis la dicha que es vivir con Dios aquí en su gloria...


Por: Querien Vangal

Noviembre / 2010

 


Pasaron ya la Solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos. Pero durante el mes de noviembre, seguimos rezando por ellos y recordándolos.

Resultaría curiosa una pregunta como ésta: ¿Quién habla más alto, un vivo o un muerto?... Habría motivo para reírse con gusto si la pregunta se hiciera en serio. Porque sabemos de sobra que los únicos que hablan son los vivos, pues los muertos están bien callados en sus tumbas...


Un famoso dictador, refiriéndose a los que deseaba fueran fusilados, decía con mucha seriedad: Los muertos no hablan. Con ello quería expresar que, los que le estorbaban, permanecían callados para siempre si recibían un tiro en la nuca. Pero se equivocaba. Los muertos hablan, y con tanta o más elocuencia que los vivos.

Como se equivocaba también aquel niño, que fue después gran estadista y mártir de su patria. El papá lo encuentra una vez tumbado en tierra y apegado el oído al suelo.

 

- Pero, ¿qué estás haciendo aquí, hijo mío?...


Y el niño, muy serio y muy convencido:


- Papá, quiero escuchar lo que dicen los muertos, pero no oigo ni una palabra, y esto es muy triste.


Equivocación total, en uno como en otro. Los muertos hablan, y hablan muy alto. Como hablaba elocuentemente la sangre de Abel, según nos dice la Biblia. Y el lenguaje que nos dirigen, si lo sabemos escuchar, nos hace la vida seria, es cierto, pero también estimulante, provechosa y feliz.


Si tomamos el periódico, si escuchamos el noticiero de la radio o de la televisión, nos encontramos, sin que nos falle nunca, con un muerto u otro. Si abrimos un libro de Historia, nos leeremos listas inacabables de personas que ya no están entre nosotros. Sin embargo, todos nos siguen hablando, cada uno a su manera, y del modo más convincente.


Podríamos analizar sus voces.


Nos hablan con voz estimulante los héroes, los conquistadores, los libertadores... Los hombres y las mujeres grandes, que decimos. Su sólo nombre es un monumento al sacrificio, a la abnegación, a la valentía...


Ante esos gigantes de la Patria, que nos hablan con su silencio de muertos, ¿cómo puede el hombre de hoy juzgar a los politiqueros ---que es algo muy diferente de los políticos--, a los aprovechados, a los vividores del pueblo?...
Todos éstos, no se atreverían ciertamente a compararse con los padres de la Patria, que la hicieron grande a base de su propio sacrificio.
Los unos vivían para la Patria; los otros, ciudadanos sin escrúpulos, hacen que la Patria viva solamente para ellos.  A éstos no los escucha nadie; mientras que entendemos perfectamente el lenguaje de los primeros, y nos decimos al escucharlos:

- ¡No, no ha de acabar la raza de los grandes!...


Y, aunque su voz sea realmente un desafino, nos hablan también los grandes criminales, los tiranos más monstruosos, los hombres más perdidos. Porque, al ver su final desastroso, nos ponen sobre aviso, y nos dicen, si es que queremos entender su voz:


- ¡Cuidado! Que nosotros perdimos la vida, y con la vida, a Dios. No os perdáis vosotros también...


Nos hablan, finalmente, y mejor que nadie, los Santos, los hombres y mujeres más grandes de la Iglesia, de esta misma Iglesia a la cual nosotros pertenecemos.

Nos hablan los mártires, que dieron su sangre por Cristo, y nosotros sabemos responder: ¿Ellos lo dieron todo, y yo no podré dar algo?...


Nos hablan los Papas, obispos y sacerdotes, pastores eximios del Pueblo de Dios, y nosotros nos decimos: ¿Ellos han dado su vida entera por mí, por la Iglesia, y yo no puedo hacer nada por mis hermanos?...


Nos hablan misioneros ardorosos, religiosas tan entregadas, obreros heroicos, madres de familia estupendas, jóvenes sanos y niños candorosos..., y nosotros hacemos examen serio: ¿Ellos tan formidables, tan puros, tan trabajadores, tan valientes, y yo debatiéndome siempre en la medianía?...


Todos ellos, muertos ya, nos están invitando con voces clamorosas:


- ¡Venga! ¡A no desfallecer! Que no sabéis la dicha que es vivir con Dios aquí en su gloria...

Cuando en la Iglesia celebramos las fiestas de los Santos y escuchamos sus ejemplos en la predicación, oímos voces celestiales. Todos ellos nos están proclamando que murieron a la tierra pero que están vivos en el Cielo. Nos aseguran que todo pasa también para nosotros, pero que nos están esperando como compañeros de su felicidad. Y esas voces no nos engañan. Las voces de los muertos son las más sinceras.


Nosotros les hablamos ahora a ellos, y les decimos:


- Muertos que hoy venís en los periódicos y en los telediarios..., muertos de los libros de Historia..., muertos todos que descansáis en los cementerios..., ¡qué alto que habláis y qué predicadores tan elocuentes que sois todos!...


Todo este modo de hablar nuestro suena un poco a teatro. Pero no es más que la escenificación de algo que sentimos muy dentro. Es la voz del alma inmortal. Es la exteriorización del anhelo más íntimo que nos empuja a encontrarnos con Dios, con ese Dios en cuyo seno ya están los hermanos que nos han precedido en la fe....







 

 

 

 

 

Ciudadanos que buscan justicia

 

Por: Manuel Velásquez

Noviembre / 2010

 

 

Mucho se ha hablado en este espacio de la inseguridad que impera en el país, así como de sus consecuencias, y de las acciones que está realizando el gobierno federal al respecto. Sin embargo, hay un tema en el que hemos insistido, aunque no suficientemente: la participación ciudadana.

 

 Largo y tendido se ha hablado en estos espacios acerca del grave problema de inseguridad que sufre el país. Y siempre se ha insistido en un punto: la participación ciudadana y el rol fundamental que tiene la ciudadanía para combatir y acabar con los problemas que nos aquejan. Esto, ante la falta de confianza en las autoridades y en una cada vez más palpable corrupción de las instituciones que supuestamente nos debieran proteger.

 

No hay dudas de que por medio de la participación ciudadana se pueden lograr cambios enormes. Sin embargo, antes de "lanzarse al ruedo", los ciudadanos deben cumplir con algunas responsabilidades básicas: informarse, formarse, organizarse para -en un momento dado- exigir.

 

Esto no es nada fácil y sin duda se necesita de mucho compromiso por parte de toda la ciudadanía.

 

 

DESVENTAJA SISTEMÁTICA

 

Comenzando con los problemas, el primero que surge es que el sistema político es bastante hostil hacia cualquier forma de organización ciudadana, especialmente en temas de seguridad pública. Esto se por dos factores principales: el antiguo régimen priísta no veía la necesidad de formar cuadros cívicos independientes -que no estuvieran ligados o subordinados a la estructura gubernamental-, y por la estructura policiaco-militar. Esto, según Guillermo Boils, en su texto Los militares en México (1965-1985).

 

Lo anterior deriva en el problema de que en México no estamos acostumbrados a hacer valer nuestros derechos ciudadanos.

 

 A este factor se le suma el de la ineficacia de los cuerpos de seguridad del Estado. Según el Dr. en Ciencias Políticas, Gonzalo Jar Consuelo, "la organización y funciones de la policía han estado indisolublemente vinculadas a las características sociopolíticas y culturales de la respectiva comunidad". En México nos encontramos con que esta premisa se cumple cabalmente.

 

La función de la policía en México, por muchos años, fue la de reprimir a movimientos disidentes. Por ello, durante 70 años de un corrupto régimen priísta, la policía fue fuertemente infiltrada por organizaciones y grupos delictivos.

 

Asimismo, lo que ocurrió con las fuerzas de seguridad, sucedió con el sistema judicial: el aparato se entretejió con una red de corrupción y burocracia interminables provocan que la justicia en México deje mucho que desear. Según el Índice de Estado de Derecho, publicado por el World Justice Proyect, México ocupa el penúltimo lugar de 35 países evaluados.

 

 

CIUDADANÍA ACTIVA

 

A pesar de estos factores en desventaja, existe un segmento que se ha volcado a la acción cívica. Principalmente aquellos que han sufrido en carne propia la corrupción institucional en todos los niveles y ámbitos, así como los estragos del crimen, organizado o no.

 

Las primeras muestras de que la ciudadanía tenía un verdadero interés por mejorar la situación de la seguridad pública en México se dieron en 1997, cuando una marcha organizada por diferentes frentes cívicos se volcó a las calles de la Ciudad de México. Su grito de protesta era: "Ya basta" y era dirigido en contra de la impunidad.

 

Los manifestantes exigían a las autoridades que pusieran un alto a los índices de secuestros y robos que día con día iban en aumento. Sin embargo, aunque hubo cierto apoyo institucional que pretendió escuchar las peticiones de estos grupos, poco pudieron -o quisieron- hacer a mediano plazo, sin mencionar el gran fracaso que se dio posteriormente.

 

Una de las voces más emblemáticas de ese entonces fue Josefina Ricaño, madre de un ingeniero secuestrado y ejecutado por sus captores. Ella, junto con otros ciudadanos destacados, como José Antonio Ortega Sánchez y Guillermo Velasco Arzac, fundaron la organización México Unido contra la Delincuencia.

 

Otra muestra del hartazgo y de la participación social fue la multitudinaria marcha que se dio en el 2004 en la capital del país, en donde se exigió a todas las esferas de gobierno una efectiva política de seguridad pública. Sin embargo, fue ahí donde Andrés Manuel López Obrador, en ese entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, se tomó como personal el movimiento y lo calificó de ser una "marcha de pirrurris".

 

En esta marcha, una de las voces que más trascendió fue la de Isabel Miranda de Wallace. Su caso era muy similar al de Josefina Ricaño. Un hijo secuestrado, muerto, que jamás fue hallado, así como la colusión de las autoridades con los delincuentes. Isabel fundaría la asociación Alto al secuestro.

 

Lo impresionante de esta madre fue que ella sí pudo dar con los secuestradores, todo gracias a investigadores privados y personas que por su cuenta rastrearon a los plagiarios.

En el 2008, otra tragedia sacudió a la ciudadanía. El 4 de junio de ese año, un grupo de plagiarios con uniformes de agentes federales detuvo la camioneta donde viajaba Fernando Martí. Lo sometieron y subieron a un vehículo con insignias de la ya inexistente Policía Federal Preventiva. Los plagiaros exigieron dinero a la familia Martí, mismo que fue pagado íntegramente. A pesar de esto, el cuerpo del joven de 14 años fue encontrado el viernes 1 de agosto de aquel año cerca de Coyoacán.

 

A partir de este suceso, el padre de Fernando, un reconocido empresario, fundador y ex director de la cadena de tiendas de deportes Martí, así como de los gimnasios Sport City, inició el movimiento México SOS. De Alejandro Martí es la famosa frase -pronunciada en una reunión pública de los principales funcionarios del Estado-:"si no pueden, renuncien". La frase, hoy emblemática, fue aplaudida y se ha tomado como un grito en la exigencia social.

 

Como estas historias, existen cientos. Movimientos de este tipo, también existen varios. Lo que ahora está sucediendo es que liderazgos ciudadanos comienzan a unir fuerzas para formar un frente de información y exigencia ciudadana. Una luz de esperanza se enciende con estos grupos, ya que proponen y promueven una conciencia ciudadana de participación. Son los que, sin duda, tienen la capacidad de despertar a los mexicanos.

 

 

EL LADO OBSCURO

 

Pero a pesar de lo que estos grupos ciudadanos han logrado, también existe un lado oscuro en la historia de la impunidad sistemática en la que vivimos. Ante el hartazgo de la gente y la inefectividad de los sistemas coercitivos del Estado, algunos grupos han decidido tomar en sus manos la impartición de justicia.

 

Esto, aunque no es del todo nuevo, sí se puede decir que se está extendiendo en las modalidades en que se presenta.

 

Los linchamientos no son nada nuevos, aunque en los últimos años han ido en aumento, principalmente en las zonas conurbadas, donde el nivel educacional es relativamente bajo y las condiciones sociales son, en general, bastante precarias. En lo que va del año, se tiene que en el Distrito Federal y el Estado de México, el promedio de estas prácticas son de uno cada 60 días.

 

Aun así, esta no es la única forma en que se presenta este signo de hartazgo social. Ahora, en la guerra contra el narcotráfico, ha aparecido una modalidad más preocupante. Ciertos grupos que se dicen ciudadanos, con armas de grueso calibre, con vestimentas de tipo militar, se asumen como grupos de autodefensa.

 

Debe recordarse que bajo esta modalidad surgió La Familia Michoacana, la cual se decía defensora de los pobladores de ese estado ante los Zetas.

 

También se tienen reportes de este tipo de grupos en Ciudad Juárez, Chihuahua, ciudad que más ha sufrido con la actual ola de violencia.

 

Este fenómeno no es exclusivamente mexicano. Se tiene presente el caso de Colombia, en donde este tipo de grupos surgieron como una respuesta a la guerrilla, y eran financiados por grupos de hacendados y empresarios en las regiones en conflicto. Sin embargo, luego se dispersarían y formarían parte de los cárteles de la droga o se enfrentarían a estos.

 

 

LA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

 

Estas dos visiones de justicia ciudadana, opuestas completamente, son la respuesta ante el gran vacío que dejan las corporaciones de seguridad pública. Con todo, la única opción realista es la primera, la participación cívica y la corresponsabilidad. Si tomamos como respuesta a la segunda opción, estaremos fincando nuestras esperanzas en un rumbo que tiene un futuro poco prometedor. Alimentar más el fuego que nos consume actualmente no es una opción viable y nunca lo será.

 

Aunque los aciagos días que nos aquejan no tengan mucho de alentador, debemos apostar por la solidaridad con nuestros conciudadanos, informarnos y apoyarnos mutuamente. La ciudadanía, efectiva y activa, es la única forma de poder rescatar a México de la barbarie.

 


 

sábado, 13 de noviembre de 2010

Nobel de Medicina: la vida contra la vida

 

Por:  Marcela Méndez

Octubre / 2010

 

 

 

Cada año, desde 1901, se lleva a cabo la entrega de los Premios Nobel, cuya finalidad es la de honrar a aquellas personas que realicen contribuciones notables a la humanidad, y que tengan logros sobresalientes en alguna de las siguientes áreas: Física, Química, Medicina o Psicología, Literatura, Paz y Economía.

 

Los Premios Nobel no son importantes únicamente por el reconocimiento que reciben aquéllos que son galardonados, sino porque además dan cuenta –en cierta forma– del estado en que se encuentra la humanidad: nos ayudan a conocer las batallas que se están peleando, a saber en qué lugar estamos parados y hacia dónde nos dirigimos.

 

Por tal razón, el Nobel de Medicina de este año ha causado una enorme polémica desde que se dio a conocer al ganador el pasado 4 de octubre, y no es para menos. Robert G. Edwards, el investigador británico que es considerado "el padre de la fecundación in vitro" fue galardonado por sus descubrimientos, que han hecho posible que el problema de la esterilidad sea tratado.

 

Robert Edwards y Patrick Steptoe (quién murió en 1988) desarrollaron en 1968 la terapia de fertilización in vitro (FIV), método de reproducción asistida que consiste en fertilizar los óvulos fuera del cuerpo, para luego implantarlos en el útero. Bajo esta técnica, afirma el instituto encargado de otorgar el Premio Nobel de Medicina (Instituto Karolinska, Estocolmo), han nacido aproximadamente 4 millones de personas.

 

No hay duda de que el trabajo de Edwards es un parteaguas para la ciencia, pues ¿cuándo se imaginó el hombre que podría manipular la vida a su antojo dentro de un laboratorio? Sin embargo, el que dichos descubrimientos resulten impresionantes, no quiere decir que en el fondo sean buenos. 

 

La fecundación in vitro no puede ser considerada un avance para la humanidad, cuando a partir de este método lo que claramente se ve es un retroceso en cuanto a la jerarquización de valores: las personas que por "x" razón no pueden tener hijos y acuden a este método, anteponen sus necesidades personales o de pareja a algo que siempre será superior, el valor de la vida. El nacimiento de un nuevo ser se vuelve simplemente egoísta.

 

El argumento de "dar vida", que es en el que este método se sustenta, se vuelve contra sí mismo, porque se vuelve contra la vida misma, no hay que olvidar que para que un ser nazca a partir de la fecundación in vitro, antes tuvieron que haber muerto otros embriones, que o no tuvieron éxito en el proceso o que fueron desechados porque uno logró los objetivos.

 

¿Cómo es posible que un galardón que reconoce causas justas, hoy hace honor a una técnica que se escuda en la vida, pero que detrás tiene a la muerte? ¿Cómo puede ser bueno y honorable querer satisfacer mis necesidades personales a costa de varias vidas?

 

Porque tener un hijo no es un derecho que deba ser reclamado, sino una bendición que le es otorgada al hombre; y debemos servir a la vida y no servirnos de ella, el Nobel de Medicina 2010 no hace más que resaltar la profunda crisis en que nuestra sociedad se encuentra, y la necesidad que existe para retornar a aquello que olvidamos: la ética, la responsabilidad y el bien.

 

Pero como la humanidad, que ha caído en un "importamadrismo" denigrante esta totalmente sorda y va que vuela a su propia destrucción, pues carente de valores morales no habrá quien la salve.

 

 



Principio del formulario

Las aflicciones de la tercera familia

 

Por: Quevir R.G.

Noviembre / 2010

 

 

Este artículo, a pesar de haber sido escrito hace 40 años, conserva plena actualidad en nuestros días. La mentalidad de la "tercera familia" es universal.

 

Vivimos en pleno caos.

 

Al leer esta frase inicial, habrá quien haya pensado: "¡Qué manera banal de comenzar éste artículo!"

 

Realmente, banal, banalísimo.

 

Y ese concepto, ya de por sí banal, lo presento en su forma más elemental y, por así decir, perogrullesca, para realzar hasta el paroxismo su banalidad. De este modo puedo hacer sentir a los lectores, incluso a los más optimistas, hasta qué punto es verdadero, evidente, indiscutible, que vivimos realmente en un caos. Ya que, en este caso, como muchos otros, banalidad es sinónimo de evidencia.

 

Esa sensación de lo caótico nos asalta a cada paso, en la vida cotidiana. En todo momento vemos personas cuyo procedimiento de hoy está en contradicción con el de ayer, y entrará en contradicción con el de mañana. A veces, en la misma conversación, e incluso en una misma frase, nuestro interlocutor exterioriza convicciones que la lógica señala como incompatibles entre sí. Y es cada vez más raro que encontremos personas que se manifiesten coherentes con algunos tantos principios fundamentales en todo cuanto piensan, dice y hacen.

 

En la apreciación de este cuadro, las personas se clasifican en tres principales familias de almas:

a) Unos "los menos numerosos" comprenden, admiran y aplauden la coherencia. Por esto, estigmatizan la ilogicidad del ambiente y le imputan los peores frutos presentes y futuros;

b) otros cierran los ojos y, cuando no pueden dejar de verlo, procuran justificarlo: la contradicción sería, según ellos, la ruptura necesaria del equilibrio ideológico de otras eras, el efecto típico del tumultuar fecundo de las épocas de transición. Por esto, la contradicción no produce desastres, sino en la epidermis de la realidad, y tiene que ser vista en último análisis, con benigna y sonriente indulgencia. La familia de almas que piensa de este modo era muy numerosa hasta hace algunos años. Pero viendo que el así llamado tumultuar fecundo de las contradicciones va tomando el cuño de una farándula de ritmo endiablado y consecuencias siniestras, van siendo más raros los que consigue sustentar ante ella la despreocupación risueña y benigna de otrora.

c) bastante más numerosas son las personas que constituyen el tercer grupo o familia de almas. Suspiran delante de la contradicción caótica de nuestros días, se aturden… y no pasan de esto. Cambiar de posición les parece imposible. Pues aunque la contradicción las asuste, por otro lado, antipatizan, en lo más profundo de su alma, con la coherencia. Les gustaría prolongar, contra viento y marea, su mundo agonizante, que resulta del "equilibrio" de ideas contradictorias, las cuales se "moderan" una a las otras, en amable coexistencia. Y como para esa familia de almas las ideas están hechas para flotar en el aire, sin relación con la realidad, no hay, según ella, el menor riesgo de que ese "equilibrio" de contradicciones venga a romperse algún día, perjudicando el pacato y buen ordenamiento de los hechos.

 

Esta situación, intrínsecamente desequilibrada, es vista por esta familia de almas como la quintaesencia del equilibrio. Y como la experiencia prueba irrefutablemente la inviabilidad de ese equilibrio, ella se encuentra delante de una opción que la aterroriza: por un lado, el caos entra como un tifón dentro de su casa y de su vida y, por otro lado, una coherencia que parece correcta tal vez en el plano de la lógica, pero dura, desalmada, rígida, en una palabra, inhumana. Trémulas delante de esta opción, las personas pertenecientes a esta familia de almas se detienen. Y se quedan suspirando de brazos cruzados, a la espera obstinada de alguna cosa que haga pasar el caos, sin que se tenga que implantar el reinado de la coherencia.

 

Vamos a los ejemplos concretos, en relación a la tercera familia de almas.

 

¡Cuántos hogares hay que acoge con una sonrisa cómplice la novela de televisión inmoral, o el libro sentimental y sensual, que pinta con colores fascinantes la imagen de la vida más disoluta!

 

En este hogar se nutre la certeza de que tales ilusiones no producen sino efectos platónicos. Sin embargo, si el hijo o la hija se descarrían, declaran que "ya no entienden nada", y que "el mundo de hoy es un caos".

 

Cuántos propietarios proclaman ante de sus hijos o de sus empleados las ideas más radicalmente igualitarias; toda superioridad de categoría es para ellos un insulto a la dignidad humana. (Esto no le impide por lo demás hacer buenos negocios y conseguir opulentos lucros…) Si su hijo, o su hija, se vuelven comunistas, se asustan. Si el empleado bien remunerado hace agitación, se desconcierta. No comprende que el caos y el desorden que él mismo predicó hayan producido frutos amargos de caos.

 

Sin embargo, en la misma familia que imaginamos, en que entran la novela y el libro inmoral, el padre y la madre a veces predican también, para mantener el equilibrio basado en la contradicción, algunos principios cristianos de moral o de orden. Hablan sobre la legitimidad de la propiedad, declaman contra el comunismo y mantienen el respeto por ciertas tradiciones morales.

 

En la misma fábrica cuyo dueño se dice socialista avanzado, se hace propaganda anticomunista. Y si de repente, un hijo suyo o un obrero, se dedica a la defensa de esos principios, la sorpresa, primero, y la antipatía después, son enormes. ¿Cómo imaginar que ese "equilibrio" se desatase en una opción coherente? ¿Que esos principios de orden pudiesen dejar el mundo platónico de las ideas para engendrar militantes que los quisiesen inserir en el orden concreto de los hechos? ¿Cómo aceptar la presencia, en la convivencia familiar, de personas coherentes, lógicas, que toman en serio lo que se les enseñó sobre los fundamentos del orden social y de la civilización cristiana?

 

Así, en suma, en esa familia de almas se profesa un cómodo y risueño desorden de ideas. Desorden que viene de la convivencia, en una región totalmente platónica, entre fragmentos de bien y de mal, de error y de verdad. Algunos, en ese ambiente, optan por la integridad del desorden. Otros, por la del orden. Y por esto, en esa familia de almas se hunde en el susto y el llanto.

 

La situación de esa familia de almas suscita problemas de la mayor importancia. ¿La ruina de este equilibrio de contradicciones no implica una marcha hacia la unilateralidad, la exageración, en suma, la radicalización?

 

¿En caso afirmativo, lo contrario de la radicalización es la incoherencia?

 

En estas preguntas se retuerce y aflige hoy, la tercera familia de almas.

 

Deseo tratar de ellas próximamente.

 



Internet: la línea entre el bien y el mal

 

Por: Fernando Pascual

Agosto de 2010

 

 

El acceso de millones de personas a Internet y a otros instrumentos de comunicación electrónica influye de modo más o menos incisivo en la vida de esas personas y en el modo de organizar la sociedad a distintos niveles (familia, escuela y universidad, trabajo, organización social).


Entre las muchas reflexiones que se pueden hacer sobre el tema, vamos a ayudarnos de una pregunta: ¿cómo influye en los usuarios el acceso (cada vez más fácil y rápido) a Internet y a las nuevas tecnologías informáticas?

 

En general, las situaciones que permiten realizar con facilidad actividades que resultan agradables o útiles a los seres humanos propician que éstas dejen de ser un deseo para convertirse en realidad. Este breve dato inicial vale para muchos campos: cultural, económico, industrial, militar, político, etcétera. Vale, sobre todo, en el mundo informático, que ofrece inmensas posibilidades y facilidades insospechadas para poner en ejecución miles de actividades de diverso tipo.

 

Apliquemos lo anterior a Internet. Esta nueva herramienta permite un acceso fácil y rápido a un número casi infinito de informaciones, imágenes, canciones, películas, juegos y material digital de todo tipo: bueno, regular, malo, e incluso delictivo.

 

Algunos contenidos de Internet permiten satisfacer deseos o instintos presentes en los seres humanos, unos neutros, otros más sanos, otros dañinos o peligrosos. Quienes consigan una buena conexión podrán llegar con prontitud a tales contenidos, para beneficio o para daño personal y, en ocasiones, de otras personas.

 

Si los contenidos son buenos y las actitudes ante ellos adecuadas, quienes acceden a los mismos podrán enriquecerse. Algunos lograrán leer textos de gran valor literario, filosófico, político o religioso. Otros escucharán testimonios de personas ejemplares o de convertidos que se han apartado del vicio, o verán fragmentos de conferencias o de películas llenas de valores.

 

Si los contenidos son malos, quienes ya tienen una mayor o menor propensión a ciertos vicios podrán encontrar una satisfacción fácil de sus deseos. El éxito de los sitios con material pornográfico es un hecho representativo de este fenómeno, quizá a niveles superiores respecto del "clásico" consumo de revistas pornográficas. Hay quienes tienen reparo en comprar y ser sorprendidos con una revista de esa categoría entre sus manos, pero sienten  que un acceso a fotografías inadecuadas a través de Internet sería más "privado" y menos controlable por otros.

 

La facilidad con la que muchos deseos y horizontes de acción son alcanzables en Internet explica un segundo fenómeno: el tiempo en el que millones de internautas transcurren "navegando" en la red es sumamente elevado.

 

Normalmente quien navega por Internet durante horas, tiene la sensación de aprovechar bien el propio tiempo: accede y consulta informaciones interesantes y provechosas. Pero en ocasiones la navegación virtual llega a quitar tiempo a otros ámbitos de la vida personal, hasta el punto de dañar las relaciones familiares, de crear tensiones en el trabajo (ante el abuso en el acceso a Internet), de impedir incluso un descanso sano a través del sueño, del deporte o de otras ocupaciones útiles y buenas.

 

Otra dimensión importante de Internet se refiere a la interactividad. Muchos hombres y mujeres del mundo digital tienen la posibilidad de interactuar, de responder, de crear información, sea a través de las redes sociales (Facebook, Twitter, Tuenti, MySpace, etcétera), sea en los blogs (de propia creación u ofrecidos por otros), sea en los foros o chats, sea en las enciclopedias de grupo (como Wikipedia), sea en las páginas de prensa abiertas a los comentarios, etcétera.

 

La interactividad en la red ha llevado a algunos expertos a hablar de "Web 2.0". Se trataría de una nueva etapa en el mundo de Internet que habría dejado de ser (solamente) un inmenso banco de información (lo que sería la "Web 1.0", la cual coexiste con las nuevas páginas) para abrirse a la creatividad y a la participación (al menos potencial) de todos los usuarios.

 

Esta situación tiene ventajas múltiples y peligros no desdeñables. Por un lado, las noticias pueden ser comentadas "en tiempo real" (inmediatamente) con lo que resulta posible señalar errores, ofrecer indicaciones de interés para otros lectores, realizar un intercambio de puntos de vista, etcétera.

 

Por otro, no siempre quienes gestionan los sitios de Internet permiten un acceso equitativo de todos, pues en ocasiones censuran ciertos comentarios mientras que promueven otros. Es cierto que una sana "censura" (que goza de poca propaganda pero que es imprescindible para tutelar el derecho a la privacidad y a la buena fama de las personas) es inevitable y justa, también en el mundo de la Web 2.0.

 

No obstante, también es cierto que se dan situaciones de abuso sea por parte de los que asumen posiciones ideológicas concretas, sea por quienes, por prejuicios de tipo personal, favorecen a sus amigos y marginan o excluyen a sus "enemigos".


Otro aspecto importante del mundo digital es la inmensa apertura a todo tipo de informaciones, teorías e hipótesis. Un navegante puede encontrar afirmaciones de lo más variado, a favor o en contra de personas, de ideas, de razas, de religiones.

 

Lo positivo y lo negativo, lo verdadero y lo falso, lo posible y lo real, lo comprobado y lo supuesto, se mezclan en la inmensa jungla de Internet, hasta el punto de que algunos sucumben ante la duda, o llegan a pensar que no es posible llegar a conclusiones aceptables sobre ciertos temas. Otros optan, a veces con poco sentido crítico, por lo que parece ser más verdadero, o prefieren elaboran síntesis personales no siempre bien fundamentadas.

 

En relación con este punto podemos fijarnos en la experiencia de Wikipedia, con sus amplias posibilidades de participación y de control sobre los datos ofrecidos. Este portal permite acoger la riqueza y los esfuerzos de miles de personas que se convierten en co-creadores de contenidos, a veces a niveles bastante aceptables de rigor científico y de calidad redacción.

 

Existen, sin embargo, choques y conflictos a la hora de elaborar ciertos argumentos, lo que lleva a que algunos se limiten a propagar los distintos puntos de vista sin ofrecer (según el criterio del "punto de vista neutral") un juicio de valor sobre los mismos.

 

Señalemos, por último, la importancia de Internet en el mundo de las relaciones humanas. Gracias a la red y a las distintas posibilidades de participación y de gestión de sitios, millones de personas, de distintos lugares del planeta, llegan a establecer contacto entre sí. Hay quienes alcanzan un interesante nivel de confianza y amistad hacia otros usuarios, algunos conocidos simplemente a través de un sobrenombre (nick); otros conocidos con mayor precisión (nombres y apellidos, ciudad de residencia, edad, intereses).

 

Este tipo de relaciones serían, para algunos, simplemente "virtuales" (o ficticias, o enrarecidas), en oposición a las relaciones "reales" que podemos entablar con quienes tratamos cara a cara en la vida cotidiana o en encuentros más o menos fortuitos (pero siempre desde una presencia física "tradicional").

 

En realidad, no siempre resulta clara la distinción entre virtual y real, y en ocasiones las relaciones iniciadas desde Internet llegan a niveles de profundidad y de compenetración que no se alcanzan, por ejemplo, cuando se comparte el ascensor casi cada día con un vecino del mismo edificio.

 

La libertad que permite el mundo digital logra que algunos abran su corazón con facilidad, incluso con un nivel de intensidad superior al diálogo que mantienen habitualmente unos esposos en su hogar, o unos padres con sus hijos.

 

Estos hechos no indican que Internet sea superior, sino que hay un problema en el mundo de las relaciones familiares, pues es señal de un profundo fracaso el que dos seres que un día se prometieron amor para siempre encuentren ahora más alegría en participar en un chat con personas "desconocidas" que en la convivencia de cada día dentro del hogar.

 

Internet influye, por lo que acabamos de ver, en la vida de muchas personas. Algunas logran un enriquecimiento profundo en ámbitos como el del saber o el de las relaciones humanas. Otros, por situaciones previas al acceso a Internet, o por el hecho mismo de abrirse a horizontes insospechados de interconectividad (con sus riquezas y con sus peligros) se introducen en un túnel que los lleva a la adicción o a otras formas de pensar y de actuar que les dañan en su vida personal y en sus relaciones sociales.Internet, como cada realidad humana, es ambivalente. Está en las manos de cada uno saber usarla de modo adecuado, para su propio bien y para el bien de quienes viven a su lado.