Por: Querien Vangal
Mario, Luis y Damián viajaban entre los vagones del tren. Habían partido junto con muchos otros desde Centro América rumbo a los Estados Unidos. El sol y el calor son intensos. El hambre y la sed se agudizan.
Luis cree ver visiones pues junto a las vías del tren hay varias mujeres que ofrecen botellas de agua y bolsas con comida. Son "las patronas" explicó Damián...
¿Cuántas veces hemos ofrecido un vaso de agua? No hay que irse tan lejos y ponerse al lado de las vías del tren para poder practicar esta obra de misericordia.
Antes, obtener agua era algo costoso y aún lo sigue siendo en algunos poblados pues había que sacarla del pozo o ir a llenar el cántaro a la fuente para así poder cubrir las necesidades del hogar y de toda la familia.
Hoy en día es más fácil en muchos lugares, pero no en otros. Podemos dar a beber al sediento cuando comemos en familia adelantándonos a servir el agua a los demás; ofreciendo un poco de agua a nuestro hermano que regresa después de hacer deporte, o simplemente dando una botella de agua a un pobre que está junto a los semáforos...
Todos necesitamos del agua para vivir, y qué satisfacción nos da el poder saciar la sed que tenemos. Pero también en nuestro peregrinar a la Patria Celestial tenemos sed de alegría, sed de alguien que nos escuche. Cuánto ayuda encontrar en nuestro camino a "las patronas y los patrones" que nos dan de beber.
Dale pues de comer al hambriento y de beber al sediento.

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