Por Federico Müggenburg
Junio de 2011
El regreso a los viejos tiempos y a los modos de hacer "política" del poderoso Grupo Atlacomulco, de las cínicas frases del profesor Carlos Hank González: "Un político pobre, es un pobre político", "El que se baña, salpica", etcétera, seguirán en el aparador durante los meses junio de 2011. El año 2000 se pudo pensar que se iniciaba la era de la democracia en México, pero no se tomó en cuenta que 72 años de corrupción bajo la era del priato eran muchos, hasta el extremo de haber configurado varias generaciones de mexicanos que identificaron política con corrupción, engaño y mentira.
No es posible imaginar cómo los presupuestos aprobados por el Instituto Electoral del Estado de México, van a ser respetados, sobre todo por la coalición formada por el PRI, el PVEM y el Panal. Basta ver cómo en los primeros 15 días de campaña, se han contratado para ser pintados, con efigies y lemas, los transportes públicos, autobuses y taxis; los espectaculares en ciudades, pueblos y carreteras; los regalos de camisetas, gorras y paraguas rojos; los toldos, tarimas y equipos de sonido de las concentraciones populares.
Así como la publicidad en volantes y folletos; los contratos en prensa, radio, televisión y redes electrónicas; las encuestas direccionadas por los propios partidos; los regalos de utensilios para el hogar y para juegos de niños; las promesas de premios a quien "acarrea" más gente a los mítines y el día de la elección y sobre todo el flamante helicóptero en el que se moviliza el "humilde vidriero de Ecatepec", el candidato Eruviel Avila.
El derroche actual, hace pensar lo que será la anunciada candidatura de Peña Nieto, para el 2012, que lleva tres años de "inversión" en imagen. Pocos podrán imaginar, calcular o cuantificar lo gastado, más lo que venga cuando se haga oficial el tiempo electoral y la candidatura. Resulta difícil indagar y todavía más, demostrar, de dónde salen las enormes cantidades de dinero, que ciertamente no figuran en las contabilidades oficiales del gobierno estatal, o la asignación de los partidos que apoyan a su candidato.
Sorprenden aún más las explicaciones en el sentido de que todo lo "prometido" a los acarreadores es perfectamente lícito, que se trata de "estímulos" para hacer crecer la democracia. Los tribunales electorales duermen el "sueño de los justos", no se dan por enterados de las modalidades de gasto de la "campaña oficial" actual, ni de las "campañas extraoficiales" adelantadas del 2012. De esta regresión a prácticas envilecidas en los procesos electorales, hay responsables y cómplices, tanto entre las autoridades como entre los ciudadanos.
A raíz de la anticonstitucional expropiación bancaria ejecutada por el autoritarismo de José López Portillo, el primero de septiembre de 1982, emergió un claro estado de conciencia entre muchos líderes sociales. Se comprendió lo nefasto que resultaba un sistema político que dependía de un solo hombre, el señor Presidente, que para bien o para mal, tomaba todas las decisiones fundamentales subordinando a los otros dos poderes.
Las reuniones "México en la Libertad" organizadas por Manuel Clouthier, en su calidad de líder empresarial, fueron la llamada para despertar la conciencia cívica de muchos mexicanos. Un largo proceso de cambio de cultura política duró 18 años y culminó con la primera alternancia política el año 2000.
Sin embargo, no se entendió plenamente la frase de Clouthier, cuando dijo: "No se trata de cambiar de amo, se trata de dejar de ser perro". Muchos entusiasmados con la posibilidad de cambiar de sistema político, creyeron que todo estaba resuelto con la llegada de Vicente Fox. Ignoraron lo que implica la participación ciudadana exigente, que vive la cultura democrática todos los días, y va más allá del voto el día de las elecciones. Falló también, la conducción del liderazgo político de las nuevas autoridades.
Después del "sexenio de la alternancia" se consideró que vino el de la "consolidación democrática", mismo que ha sido obstaculizado por una oposición saboteadora desde el Poder Legislativo y por la permanente tentación autoritaria en el Ejecutivo.
Para el año 2012, a sólo 30 años del golpe autoritario de López Portillo, se ha perdido la memoria y se proclama sin rubor alguno, la regresión al autoritarismo presidencial, en voz del propio precandidato priísta quien sostiene públicamente : "el presidencialismo es la cultura política del pueblo mexicano", clamando por la regresión "a las reglas no escritas, a las facultades metaconstitucionales del presidente y al restablecimiento de la cláusula de gobernabilidad", para volver a someter el Legislativo al Ejecutivo.
Este planteamiento regresivo se hace en base a una costosísima campaña publicitaria en los medios de comunicación, que no tiene soporte más que en la repetición sistemática, hasta la saciedad, del "éxito" de los "compromisos cumplidos". Dinero y más dinero gastado en publicidad y adormecimiento de las conciencias con "regalitos" a los más pobres y promesas que nunca se cumplen.
Además están los tráficos en el Poder Judicial, que tienen por paradigma el caso de la niña Paulette y la falta de investigación con las enormes cifras de mujeres asesinadas y la presencia de los cárteles de delincuencia organizada y narcotráfico en el Estado de México. Este tipo de procesos electorales permiten documentar cómo se ha regresado a las prácticas del pasado, cuando el dinero en súper abundancia y de origen no comprobable, es la expresión del poder por el poder, convirtiendo nuevamente en hecho la perversa frase hankiana: "Un político pobre, es un pobre político".


