sábado, 8 de mayo de 2010

Así se cuecen las habas en algunas partes de México

 

Por: Antyero Duks

Mayo / 2010

 

Un indígena tlapaneco de la comunidad de Ixtlahuarroja, de nombre Cayetano, encontró a dos niñas, de nombre Esperanza y Emma, de 14 y 15 años de edad respectivamente.  Unos días después llegaron a Tlapa de Comonfort, Guerrero.  Ambas fueron engañadas, separadas de sus padres, y vendidas a dos familias de otra comunidad indígena. Cada uno de sus compradores pagó 40 mil pesos a la intermediaria.

 

Entre los meses de octubre y noviembre de 2008, una señora de nombre Catalina les ofreció empleo a tres niñas, las dos citadas y otra —hija de Cayetano— en Cuernavaca, Mor. Mediante engaños las llevó a la comunidad de Cuba Libre, Guerrero, donde se las entregó a Braulio S. y Florencia G., quienes les dijeron que a partir de entonces trabajarían en dos casas distintas.

 

Algunos días después, ambas --Esperanza y Emma-- pidieron a sus supuestos patrones sus salarios; pues querían regresar con sus padres. La respuesta fue contundente: no podían irse porque les pertenecían. "Ya las habían comprado".

 

Durante seis meses ambas fueron obligadas a realizar trabajos domésticos en condiciones de esclavitud. Además, fueron abusadas sexualmente. Emma fue violada y golpeada con regularidad por el hombre que la compró, un comerciante de más de 40 años. Casado. Esperanza fue entregada a uno de los hijos de su comprador, un niño de 15 años, para servicios personales y sexuales.

 

Después de que su hija Flora desapareció, Cayetano emprendió una búsqueda incansable por todos los pueblos de Guerrero. Al llegar a Cuba Libre se enteró que había algunas niñas "fuereñas" trabajando en la zona, y aunque no encontró a Flora, localizó a las amigas de su hija, Emma y Esperanza, y de inmediato dio aviso al comisario municipal.

 

El comisario citó a los compradores de las niñas y a la señora Florencia, su vendedora. Los compradores manifestaron que ya habían pagado por ellas, por lo que se oponían a que sus padres se las llevaran.

 

Para dar una solución al problema, vendedora y comprador firmaron un acta, que fue sellada por la Comisaría Municipal, en donde se asienta que Florencia devolvía la cantidad de 40 mil pesos a Facundo "por el motivo de una muchacha".

 

El acta también refiere que ambos quedaron conformes, pero fue hasta después de la transacción que los compradores aceptaron devolver a las niñas a sus padres.

 

Cayetano y los familiares de las jovencitas buscaron ayuda en el Centro de Derechos Humanos de La Montaña "Tlachinollan", ubicado en Tlapa de Comonfort. Se les practicaron exámenes médicos y psicológicos.

 

Esperanza dio positivo en la prueba de embarazo. Aunque las psicólogas, provenientes de la Ciudad de México, la presionaron bajo pretexto de que "tenía el derecho de interrumpir el embarazo", la esclavitud no le hizo perder el sentido común, optó por el bebé en vez de generar una nueva víctima, además, en la región de La Montaña ser mujer significa ser madre.

 

Esperanza estaba feliz de estar embarazada a sus 14 años; secretamente se sentía enamorada del muchacho con el que vivió cautiva por meses. Con una modalidad dramática del síndrome de Estocolmo, o tal vez con la convicción en estado puro, Esperanza insistía que quería volver al lado del hombre —en realidad un niño como ella— de quien se había enamorado por primera vez para darle la buena noticia de que tendrían un hijo y formarían una familia.

 

Por otro lado, con el deseo de encontrar a la tercera niña, Cayetano y el Centro "Tlachinollan" dieron aviso a las autoridades federales y estatales. Dos agentes comenzaron formalmente su investigación, preguntando en las calles de Cuba Libre si alguien había visto a una niña indígena de unos 15 años.

 

Las autoridades fueron incapaces de encontrar a Flora. En cambio, la perseverancia de Cayetano —indígena, analfabeta y monolingüe— dio resultados en octubre de 2009. Flora había sido violada por Braulio y vendida a una familia de Tlapa.

 

Después de ser rescatada, Flora regresó a vivir con su familia. Esperanza tuvo a su bebé, ahora de dos meses. Emma se escapó de su casa y regresó con el comprador que la abusaba física y sexualmente.

 

Y para terminar podríamos decir "Colorín colorado este cuento ha acabado", pero verdaderamente da tristeza palpar cómo en algunas partes de nuestro país parece que el tiempo no ha pasado y se mantienen las costumbres ancestrales, algunas veces para bien, pero otras no, como lo vemos en este hecho.

 


Paulette y “El Mayo” Zambada, muestras de lo que somos


Por: Equipo yoinfluyo.com

abril / 2010

                        La violencia se asimila como parte de nuestra realidad cotidiana. De gran cantidad de notas relacionadas con el crimen organizado y la violencia generalizada viven muchos medios de comunicación.

Parece un fenómeno que, si se lucha contra él, no hay más garantía que la derrota. Da la impresión de que nos hemos rendido ante la violencia, ante el hecho de la miseria humana que la promueve e, incluso, la exalta.

Hace unos días, la pequeña Paulette Gebara desapareció. Sus padres lograron articular una intensa campaña para localizarla. Miles de personas en las redes sociales se solidarizaron con la familia. Días después, se hizo público que la niña había sido encontrada sin vida en su recámara.

¿Quién mató a la pequeña y con qué fin? Es lo que hoy se investiga. Sin embargo, llama la atención el hecho de que el manejo mediático –y por lo tanto, público– se haya hecho de tal manera que las sospechas son inevitables.

El caso de Paulette es tan sólo una muestra de lo que hoy parece una característica de nuestro país, de nuestra sociedad: a una pequeña se le arrebata la vida, los responsables del crimen no aparecen o son protegidos por las autoridades, y la sociedad se prepara para indignarse por el siguiente caso de injusticia que aparecerá en los medios. Un círculo vicioso al que nos hemos acostumbrado cómodamente.

¿Cuántos niños, cuántas personas hoy están siendo maltratadas y nadie se entera de esos casos? ¿Cuántas personas morirán hoy a base de violencia, a punta de pistola, en el humillante olvido de la barbarie?

Quizá esa pregunta pudo hacérsela Julio Scherer a Ismael "El Mayo" Zambada. Pero no fue así. El periodista, en una oportunidad como pocas, prefirió sensibilizar al capo preguntándole si tenía miedo de ser apresado y su opinión sobre la "guerra contra el crimen organizado" emprendida por el presidente Felipe Calderón.

El narcotráfico se ha metido en las entrañas de nuestra vida. Ese parece ser el mensaje de esa entrevista. Un periodista de larga trayectoria, de gran prestigio, se envuelve en la dinámica del capo. Voluntariamente o no. Y Zambada le dice que la "guerra contra el narcotráfico está perdida porque el narco está en la sociedad, arraigado, como la corrupción".

De paso, aprovecha para dejar claro que habla frecuentemente por teléfono con Joaquín "El Chapo" Guzmán y que, si hay acuerdo, es probable que éste también acceda a tener una entrevista periodística.

Tan campechanos, ambos hombres están enfrascados en una batalla contra cárteles enemigos que ha costado algo más de 18 mil muertes. Aun con esa agenda, hay tiempo para dar entrevistas.

¿Y el Estado? ¿Dónde ha quedado aquella institución dotada del derecho al legítimo uso de la fuerza?

Hay quienes todavía preguntan por la solución a estos problemas. No hay más que la intransigencia contra la corrupción y la impunidad.

Porque admitir los vicios del amigo adicto, del vecino traficante, del compañero consumidor, del jefe que golpea a su esposa, de la mujer que es infiel a su marido, del estudiante que transa en sus pruebas, del que no respeta el tiempo ni la integridad de los otros, es abonar a la corrupción y a la violencia, y por ende a nuestra destrucción social.

Tú, ciudadano, tienes una gran responsabilidad qué cumplir. ¿Qué esperas?

 
Ver video:
 

Los errores de Freud Parte 1

 

 

Por: Roel Osorio

junio / 2009

 

I. Psicología moderna y uno de sus progenitores

 

Durante mis años de trabajo en diversos países, he logrado percibir la importante dependencia que la sociedad occidental mantiene con algún tipo de asistencia psicológica.

 

En muchos, ese apoyo de formación, lejos de ser provechoso, sano y conveniente, se convertía en un peligro para la formación integral de los pacientes, dado que dejaba una visión deformada o reduccionista de sí mismos.

 

Esto, naturalmente, traía como consecuencia una distorsión en la vivencia de los valores morales a nivel personal; y si se multiplica el fenómeno, como de hecho se da, nos enfrentamos a un problema social y cultural. ¡Tanto es lo que se pone en juego al solicitar ayuda profesional psicológica!

 

No es mi objetivo anatematizar el psicoanálisis, cimiento de las terapias en la psicología clínica; es preciso reconocer el legado que nos ha dejado para conocer mejor la concepción actual de la personalidad humana.

 

Se trata más bien de insistir en la importancia que tiene la base antropológica que el psicólogo consultado haya recibido durante sus estudios universitarios, que viva a nivel personal y que siga profesionalmente.

 

Por otro lado, tampoco podemos olvidar que la influencia de Freud, fundador del psicoanálisis, en la psicología e incluso en la misma cultura no ha sido superada. La mayoría de los psicólogos que han construido decisivamente la psicología clínica sobre el psicoanálisis, no dudan en llamarlo "padre" del mismo: Jung, Adler, Fromm; incluso los que le critican como Skinner –conductismo– y Frankl –logoterapia–.

 

La médula del problema, dentro de la aplicación de la psicología como herramienta del desarrollo humano, se encuentra en la imperiosa necesidad de reivindicar a la persona como centro del pensamiento social y, por lo tanto, profundizar en si las teorías de la personalidad que prevalecen en las diferentes ciencias sociales, en este caso la psicología clínica, son concepciones coherentes con lo que es el hombre.

 

Una concepción así, fiel a lo que el ser humano es, la encontraremos sin duda en una psicología cimentada en una antropología que se base en el realismo metafísico. Aportación, dicho sea de paso, que la doctrina católica nunca ha dejado de profundizar y custodiar.

 

El hombre en Freud

 

Para llegar a entender la concepción y estructura antropológica que nos presenta "el padre del psicoanálisis", debemos intentar presentar al hombre tal y como él lo concibe. En mi opinión, su visión del hombre, misma que ha dejado su impronta indeleble a todas las generaciones de psicoanálisis y concepciones posteriores de la personalidad, se compone de tres factores:

 

1.       El contexto histórico de la psicología de su tiempo.

2.       El influjo de las corrientes filosóficas modernistas.

3.       La propia interpretación de los factores anteriores en sus teorías sobre el psicoanálisis.

 

Dada la brevedad de estos artículos de interés, no presentaré cada uno de estos factores en particular, pero intentaré hacer una síntesis hasta abordar el problema de la concepción psicoanalítica de persona y personalidad.

 

Considero que es en este problema o confusión ontológica, donde Freud tropezó con más fuerza, ya que quitada la sustancia (persona) del estudio del hombre, dejamos en su lugar los accidentes (personalidad y conducta), teniendo como resultado una visión reduccionista del ser humano.

 

La psicología de Freud

 

El psicoanálisis o psicología freudiana nace en medio de una controversia, ya en evolución desde el siglo que lo precede, para definir el objeto propio de la psicología experimental y su método. La historia de la psicología desde mediado el siglo XIX y durante el siglo XX, es la historia de su lucha por independizarse de la filosofía.

 

Numerosos investigadores, destacando entre ellos Sigmund Freud, se esforzaron por resaltar el carácter experimental de la psicología, prescindiendo de toda preocupación metafísica y limitándose al análisis de hechos observables y comprobables.

 

Como bien señala Cabaynes Truffino, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Society for Behavioral and Cognitive Neurology, una mezcla de progreso y de algunas formulaciones filosóficas llevó a que el siglo XIX supusiera la neta incorporación de la metodología experimental al campo de la psicología, desgajando una parte importante de su núcleo especulativo y constituyendo el enfoque empírico de la psicología.

 

Por lo que respecta a su estudio, el objeto de la psicología se transformó. Alejándose de la filosofía, la persona ya no es a quien busca comprender ni estudiar, sino la personalidad, limitándola al sustrato de lo observable: el centro de interés de la psicología experimental se descubre en las normas y causas de la conducta humana.

 

Más allá de esto, Freud, unifica la doctrina sobre la personalidad, es decir, de la conducta, sus causas y el método para observarla, analizarla y corregirla, dando como resultado la teoría sobre el psicoanálisis.

 

En efecto, el psicoanálisis nos presenta no sólo una explicación de las causas y patrones del comportamiento; nuestro autor decide abordar un serio problema para los psicólogos de su tiempo: concretar los componentes de la personalidad. Freud resuelve la cuestión exponiendo una estructura del todo novedosa sobre los elementos constitutivos de la personalidad.

 

Cabe notar que en las primeras publicaciones de Freud sobre el psicoanálisis apenas se hace mención a la personalidad. Esto es comprensible, ya que los teóricos de la personalidad aparecen hasta el siglo XX. El horizonte histórico en que Freud comienza a escribir está todavía penetrado por la psicología filosófica.

 

Al filo de las mismas fechas nace la psicología experimental conducida por su pionero Wundt, en la Universidad de Leipzing en 1878. Posteriormente, la considerada "nueva ciencia" siguió su desarrollo de la mano de varios profesores en la misma universidad: Ebbinghaus (1850–1909), Titchener (1867–1927) y algunos otros como Stanley Hall (1844–1924), quien fundó el primer laboratorio de psicología experimental en Estados Unidos.

 

En este ambiente de investigación de la naciente psicología moderna Freud desarrolla lo que denomina como "aparato psíquico", es decir, su teoría de la personalidad y la estructura altamente mecanicista. Él mismo no imaginaría el alcance y consecuencias de sus teorías.