Por: Antero Duks
Un hombre tenía dos perros. A uno le enseñó a cazar e hizo del otro guardián del hogar. Ahora bien, cuando el perro de caza salía al monte y traía alguna presa, el dueño daba también parte de ella al otro perro.
El Perro de caza, descontento, hizo reproches a su camarada porque él era quien salía y sufría el cansancio en toda ocasión, mientras que el otro, sin hacer nada gozaba del fruto de sus trabajos.
El Perro guardia le respondió:
-Bueno, pero no es a mí a quien debes criticar, sino a nuestro dueño que me ha enseñado, no a trabajar, si no a vivir del trabajo ajeno.
Así es cómo los niños perezosos no son de criticar cuando sus padres son quienes los educan en la pereza.

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