Por: René Mondragón
Agosto / 2010
Con todo respeto, pero el tema de las adopciones por parejas gay se ha vuelto un festival de frivolidades.
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Por nueve votos a favor y dos en contra, los señores ministros decidieron el futuro de niñas y niños que van a entrar a un especie de familia virtual.
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Nueve opinantes togados, de gesto adusto y mirar intenso –sobre todo al percibir que están "a cuadro"– sostienen que la unión entre homosexuales debe llamarse "matrimonio".
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Los mismos opinantes aseguran que si las uniones gay adoptan niños por decreto, no se vulneran los derechos de los menores; y también, por decreto, los pequeños tienen opción de contar con "una familia". O sea, algo bastante parecido a los sistemas que se emplean para adoptar alguna mascota.
Esto tiene su lógica: ¿las mascotas merecen un hogar?, ¡sí!; ¿las mascotas merecen el cariño de las personas?, ¡sí!; ¿se vulneran los derechos de las mascotas, difundidos y defendidos por la Sociedad Protectora de Animales y las ONG que los protegen contra el maltrato?; ¡no!; ¿se garantiza a la mascota que le van a dar de comer?, ¡sí!; ¿que reviente la familia compuesta por papá, mamá y los hijos?, ¡sí! Es decir, todos felices.
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Yo no sé si los señores de la toga negra fueron "maiceados" o no, como afirmó el Arzobispo de Guadalajara Juan Sandoval Íñiguez. Es muy probable que hayan estado sujetos a presiones de diversa índole. Eso es seguro. Lo que me apena es que, quienes son –o deberían ser– los maestros en el arte de conjugar el Derecho y la Ética, hayan sido derrotados por un pragmatismo ramplón.
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Me llama la atención que, en plena era de la libertad de expresión; que en los tiempos de la tolerancia máxima; que en los días en que creíamos que la censura y la mordaza se habían terminado, resulta que no. Los venerables señores de la toga negra, censuraron en forma unánime las opiniones de Sandoval Íñiguez.
Lo contradictorio, extraño, raro, insólito –a riesgo de parecer Adela Micha– es que los mismos ministros ¡hicieron un llamado a que impere la tolerancia, convocando sin pudor alguno, a que se "preserve –ante todo– un Estado laico"!
Lo que para cualquier lego, como este aprendiz de escribano, significa más o menos: "tú debes tolerar todo lo que yo diga en tu contra o en contra de lo que tú pienses. Pero, además, yo soy quien define en qué momento y bajo qué circunstancias laicas, son los márgenes únicos en los que tú puedes opinar". Parece el método de razonamiento y los mapas mentales de Hugo Chávez, presidente de Venezuela.
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El magistrado Sergio Valls recordó la separación entre Iglesia y Estado. ¡Bendito sea Juárez y que Dios lo tenga en su Santa Gloria!
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No podía faltar la contraofensiva. Como don Marcelino Ebrard se puso el saco, en uno de sus ya famosos actos de prestidigitación mediática, le pidió a Sandoval Íñiguez que se retracte o que lo va a demandar, porque –según dijo el perredista, descartado ya por Castro Ruz–, el Cardenal tiene que someterse al imperio de la ley que rige a este México laico.
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Todo indica que se recrudece una lucha, todavía sorda, entre la Iglesia Católica y los grupos liberales integrados por las izquierdas perredistas, priístas, petistas o verde ecologistas. Para el caso es lo mismo. Así, temas como el aborto, la mal llamada "voluntad anticipada", las uniones gay y la adopción, siguen dividiendo al pueblo de México, justo ahora, cuando más necesitamos unidad para salir adelante. Una unidad que los grupos radicales de izquierda están muy lejos de ofertar.
Ni hablar

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