sábado, 18 de febrero de 2012

Las “Promesas Rotas” en la prevención del sida

 

Querien Vangal


Green y los investigadores de su equipo habían estudiado los resultados de los programas basados en condones y habían concluido que no estaban siendo eficaces para frenar la epidemia


Green en su libro Broken Promises muestra cómo se ha traicionado al mundo, al imponer unas estrategias que renuncian a cambiar las conductas sexuales de riesgo

Con su libro de 2003 Repensar la prevención del sida, el investigador Edward Green puso sobre la mesa lo que estaba funcionando y lo que estaba fallando en la lucha contra el sida en África. Y lo que decía era una voz disonante en el coro de los que todo lo cifraban en la distribución de condones.


Ahora, Green muestra en su nuevo libro Broken Promises (Promesas rotas) cómo "el AIDS establishment ha traicionado al mundo en desarrollo" al imponer unas estrategias equivocadas que renuncian a cambiar las conductas sexuales de riesgo.


Green ha trabajado durante más de treinta años en desarrollo internacional, y desde los años ochenta ha investigado la epidemia de sida, sobre todo en África. En la Universidad de Harvard ha sido director del Proyecto de Investigación sobre la Prevención del Sida, y es consejero de organismos dedicados a esta tarea.


Green, que antes había trabajado para grupos de control de población, enfoca las estrategias de prevención del sida con una mente abierta, tratando de descubrir lo que funciona, sin prejuicios ideológicos. Cuando en 1993 visitó Uganda, observó el éxito que estaba teniendo la estrategia conocida como ABC para reducir las infecciones. El retraso en el inicio de las relaciones sexuales de los jóvenes (A), la fidelidad a una sola pareja (B) y el uso de condones (C) solo si no se vive lo anterior, había logrado reducir sustancialmente las tasas de infección.


A pesar de estas pruebas, muchos "expertos" occidentales y los organismos extranjeros que financian los programas de prevención, siguieron manteniendo que era poco realista confiar en la abstinencia y en la fidelidad, y pusieron todo su esfuerzo financiero y educativo en el uso de condones.
Con un enfoque pragmático, Green y los investigadores de su equipo habían estudiado los resultados de los programas basados en condones y habían concluido que no estaban siendo eficaces para frenar la epidemia.


Compararon la prevalencia del VIH entre tres tipos de personas: los que nunca usaban condones, los que los usaban a veces, y los que los usaban siempre. Y no encontraron correlación entre el uso de preservativos y el estado respecto a la infección por VIH. Los que los usaban esporádicamente (que es lo más habitual en África y en otras partes) tenían la misma o mayor tasa de infección que los no usuarios. Los que decían usarlos siempre tenían tanta probabilidad de estar infectados como los que no los usaban.


Cuando Uganda relajó la estrategia ABC, la tasa de infección por VIH volvió a subir. En Broken Promises, Green explica cómo lo que llama el "AIDS establishment" prefiere ignorar las crecientes pruebas de que la prevención a través solo de condones es un fracaso. En este establishment incluye a activistas gays, grupos de control de población, fabricantes de condones y algunas ONG decididas a imponer su idea de revolución sexual en África. Este establishment piensa que los africanos son incapaces de cambiar su comportamiento sexual y que por eso la única respuesta posible son los condones. Sin embargo, la experiencia de países como Zimbabue indica que el principal factor del descenso de la tasa de infección por VIH ha sido el aumento de la fidelidad matrimonial y la reducción del número de parejas sexuales.

En cambio, advierte Green, las campañas que presentan el uso de condones como equivalente a "sexo seguro" pueden generar un comportamiento desinhibido. Es lo que se llama "compensación de riesgo", que lleva a asumir riesgos mayores en la conducta sexual cuando uno se cree protegido.


Prejuicios

Por eso a Green no le importó salir en defensa de Benedicto XVI cuando en su viaje a Camerún en 2009 dijo que el problema del sida en África exigía un cambio de conducta sexual y que no podía resolverse simplemente con la distribución de preservativos. Green piensa que el Papa "sintetizó lo que dice la mejor investigación actual sobre la prevención del sida en África".


En su libro, Green señala que una serie de ideas preconcebidas se convierten en obstáculos para prevenir el sida. En primer lugar, la creencia de que cada persona "tiene el inalienable derecho a escoger su comportamiento sexual y a expresarlo libremente, sin inhibición, juicio o censura por parte de la sociedad" se convierte en un valor que está por encima de toda otra consideración, incluso de la salud.


Segundo, se da por supuesto que uno no puede cambiar de conducta sexual, lo ue lleva a poner el acento solo en la "reducción de daños".


En tercer lugar, se adopta una postura relativista, según la cual nadie tiene derecho a criticar prácticas como la prostitución, la promiscuidad gay o el sexo entre adultos y chicas adolescentes. Según algunos expertos, gran parte de los contagios del virus del sida entre las jóvenes en el África subsahariana se deben a la actividad de los sugar daddies: hombres que ofrecen regalos o dinero a cambio de favores sexuales.


Este enfoque ideológico ha llevado a que en el caso del sida no se hayan tenido en cuenta prácticas de salud pública que son normales en otras epidemias (búsqueda del origen del contagio, notificación a la pareja, promover un cambio de conducta...). La política oficial ha sido la de no adoptar medidas que pudieran hacer que los ya infectados se sintieran culpables por su conducta.


Green piensa que si se hubieran adoptado esas medidas, la pandemia de sida podría haberse controlado.

 

miércoles, 8 de febrero de 2012

SERÁS UN TRIUNFADOR



Cuando el egoísmo no limite tu capacidad de amar.
Cuando confíes en ti mismo aunque todos duden de ti y dejes de preocuparte por el qué dirán.




Cuando tus acciones sean tan concisas en duración como largas en resultados.
Cuando puedas renunciar a la rutina sin que ello altere el metabolismo de tu vida.




Cuando sepas distinguir una sonrisa de una burla, y prefieras la eterna lucha que la compra de la falsa victoria.




Cuando actúes por convicción y no por adulación.




Cuando puedas ser pobre sin perder tu riqueza y rico sin perder tu humildad.
Cuando sepas perdonar tan fácilmente como ahora te disculpas.
Cuando puedas caminar junto al pobre sin olvidar que es un hombre, y junto al rico sin pensar que es un dios.




Cuando sepas enfrentar tus errores tan fácil y positivamente como tus aciertos.




Cuando halles satisfacción compartiendo tu riqueza.




Cuando sepas obsequiar tu silencio a quien no te pide palabras, y tu ausencia a quien no te aprecia.




Cuando ya no debas sufrir por conocer la felicidad y no seas capaz de cambiar tus sentimientos o tus metas por el placer.




Cuando no trates de hallar las respuestas en las cosas que te rodean, sino en Dios y en tu propia persona.




Cuando aceptes los errores, cuando no pierdas la calma, entonces y sólo entonces, serás... ¡UN TRIUNFADOR!




Los 90 errores que destrozan el matrimonio. Parte I

 

Por Francisco

Febrero de 2012

 

 

Los 90 errores más comunes en el matrimonio que destrozan la familia, puestos por orden alfabético. Cada matrimonio y cada cónyuge por separado, según sean sus características y situaciones, tendrá un concepto diferente de cuáles son los más importares para ellos. Es tarea de cada uno el ponerlos en el orden que quieran, para intentar evitarlos o en su caso corregirlos. Es fácil caer en estos errores si no se ponen los medios para impedirlo. Lo importante es levantarse siempre y buscar la manera de evitar o afrontar los errores y sus correspondientes soluciones.

 

1.    Contraer matrimonio en la adolescencia o sus cercanías, sin la madurez suficiente. Los cónyuges tienen que hacer un esfuerzo extraordinario de formación para solucionar los problemas que su inmadurez les produce.

2.    Cuando a la vista de los primeros síntomas del nacimiento de un problema grave, o aparentemente irresoluble, no buscan un intermediario para que les ayude a encontrar soluciones. Bien sea un sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que profesen, o amigos y familiares en común, que sean serios, bien formados y respetables y que puedan servir de orientadores.

3.    Cuando coexiste la Incongruencia entre el decir y el actuar relacionado con las continuas promesas expresamente incumplidas de cosas importantes para los cónyuges.

4.    Cuando desaparece el amor por el tú, y sólo queda el amor por el yo.

5.    Cuando desaparece el encanto físico de los comienzos y empiezan a romperse u olvidarse los compromisos y proyectos que hicieron, incluso el futuro familiar que construyeron juntos.

6.    Cuando el comportamiento del cónyuge es muy diferente en el hogar o ante familiares y amigos, estando presente o ausente el otro cónyuge,

7.    Cuando falta el amor humano y el religioso y predomina el egoísmo.

8.    Cuando falta el deseo de negociar y llegar a acuerdos constantemente y se sustituye por la imposición a ultranza.

9.    Cuando falta el pedir perdón en las ofensas, la alegría en las penas, y la fuerza en la debilidad. Son situaciones que ambos cónyuges deben prevenirlas y descubrirlas para tratar de ponerles remedio y así evitar que empiecen los riesgos de un divorcio.

10. Cuando falta el respeto interior y exterior, la comprensión, el compromiso y el entendimiento entre los cónyuges, estando solos o acompañados.

11. Cuando falta la generosidad y la solidaridad con los problemas o situaciones del cónyuge.

12. Cuando falta la madurez y el equilibrio y no ponen ambos los remedios para mejorarlo.

13. Cuando falta la sagrada intimidad que produce el matrimonio y esta se comparte con terceros.

14. Cuando falta la unidad. Es muy peligroso decir o pensar: Haz lo que quieras que yo también haré lo que quiera.

15. Cuando falta, en uno o en los dos cónyuges, la actitud para mejorar el matrimonio y se conforman por igualarse por la alpargata en vez de por la corbata. Es decir en vez de crecer juntos, se disminuyen.

16. Cuando hay una mala comunicación en los temas difíciles e importantes para los cónyuges en sus relaciones privadas o externas.

17. Cuando hay una sistemática disparidad en las relaciones con los hijos, premiando, castigando o consintiendo sus actos, solamente por llevar siempre la contraria al cónyuge para desautorizarle.

18. Cuando impiden por la fuerza que los hijos o el otro cónyuge practiquen sus sentimientos religiosos.

19. Cuando las faltas matrimoniales se cubren con aparatosos regalos para cerrar la boca del otro cónyuge, incluso con dinero que sale de los ingresos familiares. A la larga la compra de esos silencios para evitar reproches, forman una escalada que siempre termina mal.

20. Cuando los cónyuges basan las acciones de su matrimonio en el egoísmo personal, pretendiendo ser satisfechos continuamente por el otro cónyuge.

21. Cuando los cónyuges convierten la libertad matrimonial en libertinaje. Nadie está más esclavizado que aquellos que se creen falsamente libres.

22. Cuando los cónyuges no quieren trabajar juntos en los momentos de adversidad matrimonial, religiosa, económica o emocional, para superar las crisis.

23. Cuando no aceptan las diferencias de conocimientos y las consideran como distanciadoras, lo que en realidad deberían ser enriquecedoras y complementarias, además de una ayuda para crecer los dos hacia una mejor vida intelectual y profesional.

24. Cuando no hay una actitud amable del uno con el otro, ni gestos físicos de cariño.

25. Cuando no se es lo suficientemente valiente e inteligente como para callarse ante la injuria y buscar posteriormente la reconciliación tras la ofensa.

26. Cuando no se está abiertos a la relación con los otros familiares: Abuelos, hermanos políticos, tíos, primos, etcétera.

27. Cuando no se ha tratado de igualar o mejorar en lo posible, las diferentes educaciones, culturas, situaciones económicas, prácticas religiosas, ideas políticas, amistades, costumbres anteriores, etcétera y se conforman con decir ¡A mí me educaron así!

28. Cuando no se quiere hablar con el cónyuge sobre el sexo matrimonial, la educación de los hijos, el valor del dinero u otros temas importantes y difíciles, teniendo que digerirlos en soledad.

29. Cuando no se quiere, no se puede o no se sabe compaginar las profesiones o actividades del otro cónyuge.

30. Cuando no se reconocen las propias limitaciones y se rehúsa a aceptar la realidad física, económica, intelectual o social. Esto puede producir graves frustraciones que perjudiquen a los dos cónyuges y arrastrar a ambos a situaciones peligrosas familiares, profesionales o sociales.

31. Cuando no se respetan las legítimas diferencias físicas, mentales, educativas y emocionales del otro consigue, ni se intentan entenderlas.

32. Cuando se culpabiliza de todos los errores del matrimonio a los padres o familiares del otro cónyuge, sin querer asumir la responsabilidad que a cada uno le corresponda.

33. Cuando se encarga al cónyuge con responsabilidades o trabajos impropios de su condición, debido a que el otro cónyuge no quiere hacerlas.

34. Cuando se ignora, desprecia o se tienen relaciones tensas con la familia política.

35. Cuando se manipula al otro cónyuge para obtener intereses en beneficio propio.

36. Cuando se permite al cónyuge, hacer lo que quiera, dónde quiera, cómo quiera y la hora que quiera, aunque eso vaya en contra del matrimonio y de las responsabilidades familiares.

37. Cuando se producen errores, el uso inadecuado del respeto y de las atribuciones lógicas de cada cónyuge, si prevalece el autoritarismo o la permisividad, sin punto medio.

38. Cuando se sobreprotege al cónyuge de todas las dificultades, tratándole como si fuera menor de edad y demostrando un amor obsesivo, para crearle inseguridad y evitar su desarrollo intelectual y social, casi siempre en beneficio del otro cónyuge.

39. Cuando solamente hay unión de los cuerpos, pero no de las almas y no buscan en ambos el crecimiento interior, moral y espiritual.